RICOBLOG

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sábado, 30 de abril de 2011

¿CÓMO ANDAS DE AUTOESTIMA?

Hay personas para las que tomar conciencia del concepto de Autoestima es todo un descubrimiento pues recibieron una educación negativa en este aspecto, también las hay que piensan que la autoestima puede ser contraria a la humildad de la que tantas bondades se predican. Se trata de un asunto que a la vez que suscita interés, como si fuera una “asignatura pendiente” de nuestra cultura, provoca también cierto recelo, pues a menudo se confunde autoestima con una desmedida opinión de sí mismo y una actitud agresiva de egoísmo insolidario. Lo cual no es cierto.

La autoestima es la disposición a considerarse competente frente a los desafíos básicos de la vida y sentirse merecedor de la felicidad. Tener una alta autoestima es sentirse confiadamente apto para la vida. Es decir, “competente y merecedor”. Tener una baja autoestima es sentirse inapropiado para la vida.  Autoestima es la confianza en nuestra capacidad de aprender, de tomar decisiones y hacer elecciones adecuadas, así como de afrontar el cambio.
Pero del mismo modo que alimentamos el cuerpo cada día, deberíamos alimentar el amor hacia nosotros mismos, nuestra autoestima. Tenerla “desnutrida” nos irá convirtiendo en personas negativas, agresivas, de ésas que enrarecen el ambiente sólo con su presencia.
A veces escuchamos el famoso y sabio consejo: “Deberías quererte más a ti mismo.” Y más de uno se habrá preguntado: “Pero… ¿cómo se hace eso?”. Consultando distintas fuentes he confeccionado una recopilación de recomendaciones, dirigidas a fortalecer la autoestima:
  • Usa afirmaciones. Del tipo “Porque yo lo valgo“. Recuerda que vales mucho, porque las pruebas que tienes para demostrar lo contrario (si es que las tienes) son inconsistentes.
  • No te compares con los demás ni te sientas inferior a su lado. Céntrate en cómo mejorar tu vida sin tomar como baremo la de otros.
  • No confundas autoestima con arrogancia. La arrogancia consiste en creerse superior a los demás.
  • Plantéate metas realistas y sé el primer convencido de que mereces alcanzarlas.
  • Identifica tus miedos y hazles frente. Imagínate venciéndolos uno por uno.
  • Reconoce tus logros, valóralos incluso si son pequeños. Está muy bien que sean reconocidos por los demás, pero primero tienes que reconocerlos tú.
  • Conoce bien tus puntos fuertes, así como los débiles. Y, si en algún momento tienes que pedir ayuda, hazlo.
  • Sé optimista. Deja de decirte a ti mismo lo difícil que es tu vida. Nadie dice que sea fácil. Céntrate en luchar y mejorar lo que esté en tu mano.
  • Di que no, cuando sea necesario, de manera asertiva, claro.
  • Acepta los cumplidos que te hagan.
  • Reflexiona, medita… Invierte unos minutos al día en ello.
  • Duerme bien o procúralo.
  • Diviértete. Además de pasarlo bien, reforzarás tu sistema inmunitario.
  • Canaliza las emociones negativas de algún modo. No te las guardes dentro.
  • Relaciónate con los demás y trátalos del mismo modo que a ti te gustaría que te tratasen.
  • Rodéate de gente positiva y aléjate de aquellos que te “ponen la pierna encima”.
  • Dale una patada al perfeccionismo, a no ser que quieras ganar un Premio Nobel.
  • Reserva pequeños buenos momentos para ti a lo largo del día (leer, escuchar tu música preferida… lo que sea). Te lo mereces.
  • No tengas miedo a cometer errores, perdónate y aprende de tus errores. Todos nos equivocamos.
  • Modera tu auto-crítica. Acéptate como eres. Habrá cosas que puedas mejorar y cosas que no.
  • Ábrele la puerta al pasado y déjalo ir. Por ejemplo: ¿Se reían de ti cuando eras pequeño? De adulto no tienes que seguir cargando con eso.
  • Agradece lo que tienes.
  • Si alguien te ataca, responde con asertividad. No dejes que cualquiera pueda dañarte.
  • Toma las riendas de tu vida. Responsabilízate y deja de repartir culpas a diestro y siniestro.
Sé que son muchas recomendaciones para ponerlas todas en práctica, sobre todo si recordamos una de ellas, “la de la patada al perfeccionismo”, pero si haces una selección de las que crees que más pueden aportarte en tu caso particular, sin duda, tu autoestima ganará unos cuantos enteros.

jueves, 28 de abril de 2011

VALORES - XVI (SENCILLEZ)

Generalmente al concepto “sencillez” lo ubicamos en un ámbito externo a nosotros mismos y creemos manifestarlo con pocas posesiones, ropas, cosas…, pero eso no es sencillez. Lo que uno es en su interior aflora a su exterior, por ello, la verdadera sencillez solo puede desarrollarse interiormente, la sencillez surge cuando empezamos a comprender el significado del conocimiento propio. Cuando no se es sencillo no se puede ser sensible a los árboles, a los pájaros, a las montañas, al viento, a todas las cosas que existen a nuestro alrededor, pero si falta la sencillez tampoco se puede ser sensible al mensaje interno de las cosas.

La sencillez no es algo que haya que buscar, solo surge cuando no hay un “yo”, cuando la mente no está atrapada en especulaciones, en conclusiones, en creencias, en imaginación (acción que no es resultado de una idea). Solo una mente libre puede hallar la verdad, recibir aquello que es inconmensurable, que no puede nombrarse. La sencillez atrae al instinto, la intuición y el discernimiento para crear pensamientos con esencia y sentimientos de empatía. Sencillez es la conciencia que llama a las personas a replantearse sus valores.

La sencillez es verdad y la belleza de la verdad es tan sencilla que funciona como la alquimia y hay elementos que siempre afloran, no importa cuántos disfraces se presenten ante ella, la luz de la verdad no puede permanecer escondida. La sencillez reduce la diferencia entre “lo que tengo” y “lo que me falta”. La sencillez es una virtud que permite a una persona ser accesible y mostrarse dispuesto a establecer el vínculo que sea necesario con otro.

Una actitud contraria a la sencillez es la solemnidad, tener una imagen intimidante que cierre de antemano, sin excepciones, el canal de comunicación con los demás. La sencillez es la llaneza de lo natural, de lo fácil, de lo comprensible, de lo que puede llegar a cualquiera. La sencillez la expresa el que elige el camino directo, sin vueltas, para evitar las malas interpretaciones que produce la ambigüedad de los atajos.

La sencillez no necesita adornos ni hacer ostentación porque es como el agua, que sin tener ni gusto, ni sabor, ni color, es igualmente necesaria. Probablemente no hay nada más chocante que una persona “inflada” o que se vanagloria constantemente de sus propios logros, cualidades y posibilidades. Una personalidad sencilla a veces puede pasar inicialmente desapercibida pero su fortaleza interior es mucho más profunda y perdurable.

La personalidad sencilla es única, recia, sin adornos ni artificios, no le hace falta exhibir sus posesiones y cualidades porque son evidentes y naturales. La sencillez nos enseña a saber quiénes somos y lo que podemos. La cultura actual se empeña en hacernos creer que valemos por nuestra ropa, por nuestro coche, por estar a la moda, por ser poderosos…, pero esa cultura es la que conduce al gran vacío interior, demasiado presente en nuestra sociedad. Si nos empeñamos en demostrar “estar a la última” podemos caer en la ostentación, con una única estación de destino, la altivez.

Una persona sencilla no se exalta ni menosprecia, aprecia a las personas por lo que son, lo cual permite un diálogo amable y una amistad sincera. El valor de la sencillez nos ayuda a superar el deseo desmedido por sobresalir, sentirnos distinguidos y admirados solo por la apariencia externa. Nuestro interior, nuestro corazón es lo que verdaderamente cuenta. Una persona sencilla gana más corazones.

miércoles, 27 de abril de 2011

LOS "SIN TECHO"

Hace algunos días el alcalde de Madrid hacia una  propuesta para que el Estado promoviese una ley que permitiera “echar” a los “sin techo” de la calle, sin pretender juzgar la iniciativa, opino que los trileros de las palabras aparecieron de nuevo en escena para obviar de la frase su segunda parte que decía “siempre que existan recursos suficientes para una atención y acogimiento dignos”; pero también es innegable que el empleo del verbo “echar”, a mi al menos me parece bastante desafortunado y censurable, a la vez que tengo la sensación que es una propuesta precedida de un móvil más estético que social.

El debate político y social desencadenado por esta propuesta, me ha llevado a reflexionar sobre esta situación y buscar algunos datos; lo cierto es que estadísticas hay pocas y desfasadas, pero según los estudios del sociólogo Pedro Cabrera, hay unas 6.200 personas sin hogar que duermen en la calle, 33.500 personas sin vivienda que tienen un lugar temporal donde dormir en albergues e instituciones y casi millón y medio de personas con vivienda inadecuada.
Quizás el que sea un mundo de anónimos en el que viven los que no quieren ser vistos y a los que no se quiere mirar, nos ha llevado a tener un dibujo borroso en el que se mezclan situaciones, deseos y propósitos diferentes, pero que el resto de la sociedad metemos en el “mismo saco”.

Dentro del mundo de la mendicidad creo que coexisten dos grupos perfectamente diferenciados; los que la practican por indigencia ante una falta de medios para alimentarse, para vestirse, etc., y los que han hecho de ella una forma de vida, practicando una mendicidad engañosa y a veces intimidante. Y además puede pertenecerse a uno u otro grupo por distintas razones como: no tener hogar, no tener empleo, no tener papeles o pertenecer a un grupo de estafadores, aunque estos últimos solo pueden pertenecer al de la falsa mendicidad.

En cuanto al colectivo que practica la falsa mendicidad, yo estoy de acuerdo con el verbo “echar” pues no solo están cometiendo un delito apelando a la caridad o lástima de la sociedad mediante engaños, sino que perjudican e intoxican la imagen de los que han de practicar la mendicidad por indigencia, es decir, por necesidad y que realmente están viviendo situaciones dramáticas.
Mi reflexión realmente se centra en los practicantes de la mendicidad indigente que aunque inicialmente agruparé en un solo colectivo “el de los sin techo” por carecer de vivienda, ser esta temporal o inadecuada, más adelante realizaré alguna acotación. He de decir que no he sido capaz de encontrar un perfil basado en información estadística por lo que inicialmente los trataré conjuntamente y terminaré dividiéndolos en dos grupos, siempre conforme a mi opinión. Y empezaré con una pregunta ¿Los “sin techo” nacen o se hacen?:

Personalmente pienso que nadie nace siendo un “sin techo” sino que es el resultado de un deterioro de la situación personal, sí invirtiéramos la pirámide de jerarquías de Maslow diríamos que son las personas que tienen dificultades con su último nivel que, al estar invertida, sería el de las necesidades básicas. Al parecer hay estudios que aseguran que mientras la mayoría de las personas sufren, en toda su vida, 3 o 4 sucesos traumáticos, los “sin techo” han vivido una media de 7 u 8 sucesos encadenados como: la muerte de una persona querida, una separación sentimental, la pérdida del trabajo…
¿Pero por qué cuesta tanto salir? Aquí viene la acotación anunciada, creo que existen dos grupos, los que no pueden y los que no quieren, en ambos casos operan elementos como la soledad, la desconexión social o la marginación, junto a una clara insuficiencia de recursos y profesionales con preparación suficiente para tratar y atender a los “sin techo”. Pero en el grupo de los “que no quieren” aparecen otras dinámicas que lo dificultan como el alcoholismo y otras adicciones y en un elevado número de ellos, el padecimiento de alguna enfermedad mental, carentes del tratamiento adecuado.
Pero en ambos casos hay un motivo más y este nos involucra al resto de la sociedad y es la tendencia a rechazar y mostrar indiferencia hacia los “sin techo”, incidiendo así en uno de los aspectos más vulnerables, “la autoestima”. Existen innumerables prejuicios sociales que impiden ver la dureza de sus vidas.

Confieso que he asistido atónito al debate, fundamentalmente político, generado ante la propuesta del alcalde de Madrid y básicamente centrado en si se podía “echar” o no a la calle a alguien que no quiere salir de ella, estando en su derecho de vivir como quiera, lo que me lleva a una opinión y a una pregunta, el cinismo cívico con el que nos comportamos y ¿Hasta dónde llegan los derechos y libertades de una persona? Y es que en mi opinión ambos elementos, la opinión y la pregunta, han formado un cuerpo único en un elevado número de personas, periodistas algunos y políticos la mayoría, que han pretendido acotar el debate al ámbito de los derechos, aferrándose a la desafortunada expresión de “echar”.

lunes, 25 de abril de 2011

[RICO - RICO]. "LAS GACHAS"

El significado de la palabra “Gacha” es el de “masa muy  blanda que tira a líquida”, lo que nos llevaría a contemplarla como un concepto extenso que se da en múltiples países y con un sinfín de variantes, pero yo quiero referirme a ese plato que casi de forma inmediata dibujamos en nuestra mente, cuando alguien pronuncia un término tan contundente como “GACHAS”.

Y es que si hay algún producto típico de la “España interior”, además del gazpacho y las migas (de los que escribiré en otro momento), ninguno con más historia popular que las gachas con harina de titos, también llamada de almortas. En casi todas las regiones de España, frecuentemente, fue una comida de pastores, que, obligadamente, pasaban muchos días fuera de casa y debían llenar el zurrón con productos no perecederos. También era comida del tiempo de la matanza, donde había abundante carne de cerdo para freír y acompañar las gachas con los sabrosos torreznos o magras.
Las gachas se comen directamente de la sartén, pinchando trozos de pan y mojándolos en ellas. Comer sin servir en platos tiene estrictas normas, ya que se come “a corte”, es decir, en la parte de la sartén o perol que se sitúa frente a cada comensal, empezando por el mismo borde del recipiente y terminando en el centro. En ningún momento se invadirán las “aguas territoriales” del resto de comensales para arrebatarles aquellas partes que nos parezcan más apetitosas que las que nos han tocado a nosotros. No obstante, cada uno dispondrá de un plato para depositar la panceta, el hígado y el pimiento que se irá intercalando con cada “sopa” o trozo de pan mojado en las gachas.
Se ha especulado mucho sobre si es saludable su consumo, ya que no está permitida su venta para consumo humano, tal vez, porque un abuso de este producto pueda llegar a causar problemas de salud. Si bien consumir unas gachas de vez en cuando, no pienso den argumentos científicos para sostener que pueda afectar a la salud de una persona normal. Se dice que cuando esta gramínea alcanza un 30% de la dieta diaria puede producir una enfermedad denominada latirismo y que consiste en una intoxicación crónica en el sistema nervioso, producida por la acumulación de neurotoxinas, principalmente alcaloides, pudiendo llegar a paralizar a la persona.
En la España de la postguerra una familia se contentaba con un “guiso de perdices evacuadas”, es decir, un caldo en el que nadaban patatas o alguna que otra legumbre. El menú solía combinar los guisantes, las habas y el maíz con repetidos platos de almortas, este elevado consumo y el ya mencionado hallazgo de su relación con el latirismo, obligó en 1944 a la publicación de un Decreto de prohibición de recogida de almortas y de fabricación de harina. No obstante, a pesar de dicho Decreto, esta harina ha seguido comercializándose durante todos estos años, fundamentalmente, a través de panaderías y pequeñas tiendas de alimentación.
Además, las conocidas gachas manchegas se siguen anunciando como plato típico de la región en la carta de muchos restaurantes y la compra de harina de almortas tampoco entraña grandes dificultades a pesar de su prohibición. Tal vez porque su distribución como producto artesanal dificulta la detección y retirada de la harina de almortas de la cadena alimentaria y presumiblemente, con la connivencia de un cierto grado de tolerancia al no tener su consumo actual la intensidad que motivó dicha prohibición.
Como puede apreciarse, puesto que el consumo de las gachas ya no es ni mucho menos diario, su peligro actual no sería el latirismo, sino posibles problemas con el colesterol por la cantidad de grasa que se ingiere. Desconozco si la prohibición de 1944 ya ha sido derogada, pero me consta que a finales de 2010 La Agencia Española de Seguridad Alimentaria solicitó una investigación respecto a las consecuencias de su consumo, obteniendo un informe de los expertos en el que convenían que su consumo debería ser esporádico. Como, por otro lado, nadie duda que así sea en la actualidad.

sábado, 23 de abril de 2011

VALORES - XV (SACRIFICIO)

“Sacrificio” proviene del latín “sacro+facere”, es decir, hacer sagradas las cosas, honrarlas. Sin embargo, su uso frecuente, no siempre positivo, nos ha llevado a modificar su sentido y hoy lo vinculamos básicamente a dolor o pérdida.

Otra acepción es la de ofrenda a una deidad como muestra de un homenaje o la expiación de alguna culpa, pero quiero referirme a “sacrificio” como acto de abnegación. El valor del sacrificio es el del esfuerzo extraordinario para lograr un beneficio mayor, venciendo los propios intereses, gustos y comodidades. Siempre es posible hacer un esfuerzo para alcanzar una meta ¿Por qué no hacerlo para servir mejor a los demás?

Aunque sacrificio suene muy drástico, es un valor fundamental para superarnos ya que es sinónimo de fortalece de carácter, además de posibilitar el desarrollo simultáneo de otros valores como: Superación, perseverancia, compromiso, optimismo o servicio, por eso no hemos de percibir el sacrificio como castigo o sufrimiento, sino como un aditamento para nuestro desarrollo y crecimiento personal.

Hablar de sacrificio suena a anacronismo en una época que se distingue de las anteriores por ser tremendamente consumista y esta fiebre hacia el consumo nos ha conducido a ser maestros en el arte de dosificar el esfuerzo, estamos convencidos de que “todo” lo que hacemos es más que suficiente, estamos viviendo a flor de piel, lo que nos condena a llevarnos más por nuestros gustos e impulsos que por lo que realmente nos conviene o aprovecha más, o conviene y aprovecha más a los que nos rodean. La exigencia no tiene cabida en este tipo de realidad, pues parece que lo que nos compromete y nos exige, va en contra de lo que nos agrada, por ello, si queremos romper esta dinámica necesitamos combatir el egoísmo, la pereza y la comodidad.

En nuestros días es muy común escuchar que no existen los absolutos, todo es relativo, pero cuando afirmamos que todo es relativo estamos convirtiendo “lo relativo” en “absoluto”. Hemos relativizado todo con el fin de llevar nuestros gustos e inclinaciones a un lugar desde el que no pueden ser cuestionados, es la cultura en que todo depende de algo, que no siempre está bajo nuestro control y que se puede explicar desde cualquier punto de vista. Y es que las cosas nos parecen más fáciles cuando logramos relativizarlas, al poder darles el enfoque que queremos o nos interesa.

El sacrificio está ligado a nuestras acciones y sobre todo a nuestras opciones y cuando lo colocamos en esta perspectiva es cuando cobra su verdadera dimensión de “valor”, hay personas que cumplen de manera sobresaliente con sus deberes y obligaciones pero que pocas veces llevan ese mismo esfuerzo en todos los aspectos de su vida: Familia, amigos, compañeros, vecinos, etc.

La cultura del sacrificio es algo que requiere de humildad y anonimato, de pequeños actos diarios, comunes y corrientes, que pocas veces se perciben si no existe la intención de demostrarlo: como levantarse cada mañana para iniciar las labores que cada uno tenga, hacer un hueco en nuestra agitada vida para escuchar a quien lo necesita, sonreír a pesar de que nuestro estado de ánimo sea contrario, etc.

Sin embargo, en ocasiones caemos en actitudes que restan mérito a lo bueno que hacemos, al empeñarnos en explicitarlo o quejarnos de lo mucho que hacemos y lo poco que nos comprenden. Esto demuestra poco carácter y fortaleza interior.

El espíritu de sacrificio no se logra con las buenas intenciones, se desarrolla haciendo pequeños esfuerzos. Por eso es necesario que tengas en mente:
  • Aprende a darle un tiempo prudente a tus aficiones y descansos.
  • Procura no hablar de tus esfuerzos, ni poner cara de sufrimiento para que los demás se den cuenta de lo mucho que haces.
  • Haz un poco más de lo habitual: juega más con tus hijos; limpia y acomoda algo en casa; recoge la basura de los pasillos; convive con los compañeros de la oficina...
  • Controla y modera tu carácter y estados de ánimo.
Este último punto contempla de alguna manera a todos los anteriores: Haz una lista de las cosas que te desagradan y las que te cuestan más trabajo, elige tres y comienza a luchar en ellas diariamente.

viernes, 22 de abril de 2011

TRILEROS DE ÉLITE

Trilero: Tahúr que dirige el juego del trile.

Trile: Juego callejero de apuestas fraudulentas que consiste en acertar en qué lugar, de tres posibles, se encuentra una pieza manipulada.
Juntando ambas definiciones tenemos imagen suficiente para visualizar la escena de esa persona que con su mesita “tipo camping” y sus tres cubiletes, o tres naipes según el “artista”, moviendo a gran velocidad la posición de los tres elementos y una letanía similar a “…la mano va más rápida que la vista…”, nos propone averiguar en qué lugar se encuentra la bolita o el naipe ganador; si además observamos el grupo que le rodea, enseguida identificamos al “gancho o ganchos” quienes de vez en cuando ganan buscando provocar a los “incautos” que sin duda acabarán confundidos y con menos dinero y qué cuando uno de los “ganchos” acertó, ellos también hubieran acertado porque lo veían muy claro.
Pero hay otros trileros sin mesa “tipo camping” pero que nos esconden la bolita; hoy quiero referirme a dos especies que lamentablemente no están en extinción:
  • Los trileros del pensamiento y las palabras.
  • Los trileros de guante blanco.
Cuando la lenta y a menudo frustrante o ausente reflexión, se sustituye por chispazos retóricos más o menos efectistas, esos maquievelos sustituyen el pensamiento por los juegos de palabras, peor aún, abren la veda a los tahúres del lenguaje, quienes trastocan las palabras, como cubiletes y hábiles trileros, para acabar por esconder su verdadero significado, unos con la mentira por bandera y otros con la bandera de la mentira.
Dentro de ésta especie, el género más representativo y desafortunadamente más numeroso es el de los políticos. Cuando a los políticos las cosas les van mal, recurren a que realmente se hicieron bien pero qué, por una u otra razón, no se comunicaron adecuadamente; lo que hacen así es tratar de confundir el cubilete de una imperfección real con el cubilete de lo que tan solo es una apariencia imperfecta, ¿Dónde está la bolita? A partir de este cambalache se transforma el hecho enjuiciable, ya no se trata de lo que se ha hecho sino de cómo se ha traslado a la comunidad, la maniobra, como en el caso de los trileros, juega en su favor.
La cuestión es cómo se puede llegar a evaluar un gobierno o una oposición, sobre sus competencias o incompetencias si finalmente nos llegan mediatizadas y revestidas de eventuales deficiencias de comunicación. Mediante esta artera maniobra, el político con responsabilidades de gobierno o de oposición las va encubriendo en una falacia que espera que, al menos, dure cuatro años ¿Dónde está la bolita? Simplemente no hay bolita, ya que ésta debiera ser una correcta, clara y sincera comunicación con la ciudadanía a la que representan.
Mueven los cubiletes según su interés y poco les importa los que apostamos y cuanto perdemos, mientras muchos de ellos se enriquecen; pero hay que reconocerles que han agudizado el ingenio y se han vuelto “graciosos”, mejor sería decir “tristemente graciosos”, El Congreso, El Senado, Las Asambleas de las Comunidades Autónomas y el resto de instituciones hoy podrían llamarse El Club de la Comedia, El Intermedio, El hormiguero o por el nombre de cualquier otro programa de humor, es como si hubiesen sustituido la legión de asesores, que les acompaña, por una legión de guionistas que les convierte en irónicos, ocurrentes y tristemente graciosos, sustituyendo los argumentos, respuestas y aclaraciones por “graciosas ocurrencias” ¿Dónde está la bolita?, pero yo desde luego preferiría políticos competentes que se preocupasen del país y no de intereses partidistas (dirigentes y opositores) y si quiero reírme prefiero pagar e ir a ver un espectáculo y no que me lo cobren aunque no quiera verlo.
El otro grupo de trileros al que quería referirme es el de los de “guante blanco” artífices del gigantesco trile de la crisis financiera. Para estos la mesita “tipo camping” tiene forma de paraísos fiscales y fondos especulativos mundiales y los trileros son los que mueven sus hilos; las ganancias de estos trileros se ha nutrido de numerosos y pequeños depósitos de empresas y familias, provocando una fuerte sequía en el sistema financiero. La mejor solución pasaría por identificar a los trileros y obligarles a devolver lo que han trilado, pero me saltaré las razones de su dificultad.
El ocasional regadío de los Estados, sobre las entidades financieras comprometidas, no resolverá la sequía del sistema que precisa por encima de todo recuperar la confianza, además, en esta crisis el Sistema ha ayudado a los trileros con coste adicional para los trilados y eso tampoco parece el mejor abono para lograr confianza.
Estos trileros, como todos, juegan con el dinero de los demás mientras amasan grandes fortunas mediante sueldos millonarios y bonos “que avergüenzan”. Su única ideología es la codicia, el enriquecimiento y el lujo, asistidos por despachos profesionales que les proporcionan cobertura legal a cambio de suculentas minutas.
Su metodología en el movimiento de los cubiletes consiste en dividir patrimonios en partes, mezclarlos generalmente con otros y publicitar esas porciones con una fuerte carga de marketing y nombres grandilocuentes, pero con una única pretensión qué, al menos en apariencia, la suma valga más que el todo ¿Dónde está la bolita?
Es indiscutible que las sociedades necesitamos leyes, pero por buenas que sean siempre presentarán carencias y lagunas y la historia lleva muchos años empeñada en demostrarnos que solo con “valores” se superan esas deficiencias con el menor número de damnificados posible, pero últimamente hemos caído en una excesiva materialización de nuestras vidas y expectativas que nos impide recordarlo.
Seguramente estas dos especies de trileros sean las más peligrosas, pero existen otros trileros nocivos que suelen estar siempre cerca, en tu comunidad, en tu trabajo, en tu pretendido círculo de amigos, gente que siempre te preguntará ¿Dónde está la bolita? ¡Suerte!

jueves, 21 de abril de 2011

[RICO - RICO]. "EL MADRILEÑO y EL MARAGATO"

De entre todos los cocidos, el Madrileño y el Maragato presentan una peculiaridad y no es otra que la manera de servirlos.

El cocido madrileño presenta cierto protocolo a la hora de ser servido. La secuencia de platos con la que se sirve el cocido madrileño recibe la denominación de “Los tres vuelcos”:

Primer vuelco: Es siempre el más líquido, es decir, el que más fácilmente fluye de entre la densidad y espesor de los ingredientes, dando lugar al caldo o sopa.

Segundo vuelco: Los garbanzos (o “gabrieles” en su expresión más coloquial), la patata y la verdura sofrita acompañada del condimento de tomate. Este condimento es discrecional y se sirve aparte, en una pequeña salsera, se compone de tomates picados con ajos y cominos molidos, espesado con el puré de unos pocos garbanzos.

Tercer vuelco: Las viandas de carne y embutido acompañadas de las pelotas. El uso de las pelotas también es discrecional y van desde las más humildes, compuestas exclusivamente de miga de pan y huevo fritas primero y posteriormente cocidas con el caldo, o enriquecidas con algunas porciones de carnes deshilachadas, tocino y especias.

En la actualidad, en la mayoría de las casas y en un gran número de restaurantes madrileños, que lo incluyen en sus menús, ha pasado a ser servido en dos vuelcos (el segundo y el tercero se agrupan en el segundo plato).

Una última peculiaridad del cocido madrileño, no por su forma de ser servido, pero sí por su práctica extendida, es el uso de “las sobras del cocido”, citaré a modo de ejemplo: “la ropa vieja” o “las croquetas de gallina o jamón”.

En cuanto a la peculiaridad en el servicio del cocido maragato, en mi búsqueda de respuestas he tropezado con dos versiones, desde luego yo tengo mi preferida pero dado que tal vez sea la que menos probabilidad tenga de ser la cierta, relataré ambas.

La primera de ellas se remonta a la época feudal y cuentan que inicialmente se servía de forma similar al cocido madrileño, pero que era precisamente el mediodía la hora preferida de los enemigos para atacar la fortaleza, eso provocaba que los caballeros tuviesen que abandonar su cocido, con tan solo la sopa consumida, para irse a guerrear en defensa de la fortaleza, por lo que el cocido se echaba a perder. En algún momento a algún comensal, de buen apetito, se le ocurrió invertir el orden, con lo que el cocido maragato pasó a servirse: Primero las carnes, el tocino, la oreja, el relleno y el chorizo; a continuación los garbanzos con el repollo y finalmente la sopa, con la que si se quiere, se pueden mezclar los garbanzos, de esta forma si durante su ingestión les sorprendía un ataque, la parte más contundente del cocido había sido consumida.

La segunda versión también proveniente de muy antiguo, siendo bastante más prosaica que la anterior, apunta a la forma que se tenía de atacar el pote como se hacía cuando se servía de forma comunal; estando la pota al fuego, el patriarca o la anfitriona, sacaban a una escudilla lo primero que iban pillando con la cucharona, es decir, los grandes tropiezos, o sea, la carne. Cuando ya se habían terminado los tropiezos, con una espumadera se iba rebañando el fondo y así salían las legumbres y aunque la patata son trozos grandes como no se incorporó hasta bastante más tarde (s. XIX) se sirve con las legumbres. Terminada la comida si alguien tenía aún hambre, se servía un tazón de sopa que se migaba con pan.

Como puede apreciarse cualquiera de las dos versiones tiene su lógica y desde luego, lo que no es, ésta peculiaridad en el servicio, es un esnobismo o un reclamo comercial como he leído en algún sitio que no me ha parecido suficientemente documentado.

En definitiva y en todos los casos estamos ante unos platos que se iniciaron en los hogares más humildes, que llegó hasta la realeza y hoy es un manjar degustado por muchos paladares.

lunes, 18 de abril de 2011

¡CLARO QUE TU ERES TU! PERO... EL OTRO ES EL OTRO

No vemos el mundo tal como es, lo vemos tal como somos y es que cada uno tenemos nuestro propio modelo o mapa mental; si ahora mismo os pidiera que pensarais en cómo es una mesa, unos lo harían recreando mentalmente una mesa alta, o bien una baja; una redonda, ovalada, cuadrada o rectangular; con esquinas rectas o matadas; de madera, plástico o metal; con cristal o sin cristal; etc., la pregunta es ¿Cuál es la verdadera mesa?, o ¿Cuál es más mesa? Evidentemente todas son mesas y unas te gustarán más que otras, lo que sucede es que el mapa o modelo mental está reaccionando desde la imagen de la mesa que tienes en casa o de la que te gustaría tener; de la que tanto disfrutaste en casa de tus padres o de cualquier otra y por cualquier causa, pero difícilmente todo el mundo coincidiría en la misma imagen. Es decir, el mundo de alguna manera está en función del observador y su modelo mental.

Uno de los grandes errores del ser humano que limita su crecimiento personal es creer que los demás tienen que pensar exactamente igual a como piensa él, que tienen que reaccionar igual porque eso es lo “normal”. ¿Lo normal para quién? ¿En qué momento? ¿Bajo qué circunstancias? Las cosas cambian con tan solo cambiar nuestro punto de observación, y para ello es preciso no olvidar que cada uno tiene su historia, su entorno, su día a día, sus gustos y por supuesto sus creencias.

Tú eres tú, el otro es el otro. Esto te hace un ser único y especial, pero es precisamente eso mismo lo que hace al otro un ser único y especial. No eres tú sino tu “ego”, el que cual caballero del “siglo de oro” defiende a capa y espada, frases dogmáticas tales como: “Sin título universitario no serás nadie”, “Si no lo haces en estos momentos ya no podrás nunca”. Sentencias sin fundamento, pronunciadas desde tu modelo mental.

En realidad, toda persona en este mundo tiene sus propias expectativas, las que sin duda alguna pretende alcanzar; puede que en esa persecución de tus propias expectativas puedas encontrarte con personas que recorren un camino similar, con ellas te sentirás a gusto e identificado; sin embargo, con muchas otras no percibirás esa posibilidad de “encuentro”, con esas hay que extremar la sensibilidad hacia las relaciones personales para evitar un posible rechazo y por el contrario asumir la diferencia y divergencia de recorrido, con tolerancia y respeto. Esto es lo que habitualmente se denomina “aceptación del otro”.

Tú eres tú y cómo dijo Pablo Neruda: “No culpes a nadie, nunca te quejes de nada ni de nadie porque fundamentalmente “Tú” has hecho y haces tu vida… No olvides que la causa de tu presente es tu pasado, como la causa de tu futuro es tu presente”.

Que entiendas esto puede ser importante, pero es más importante aun que asumas que esto es aplicable a “ti” y al otro, que la forma de ver las cosas es de todo menos universal, que lo que para ti solo puede ser de una manera, para el otro ha de ser justo al contrario y dado que andamos por la vida expuestos a la probabilidad de que se nos trate de manera similar a como tratamos nosotros a los demás, tengamos muy en cuenta las muy diferentes maneras de poder ver las cosas, si nosotros lo hacemos tendremos más posibilidades de que lo hagan con nosotros.

viernes, 15 de abril de 2011

VALORES - XIV (RESPONSABILIDAD)

La responsabilidad es un concepto bastante amplio, que guarda relación con la necesidad de asumir las consecuencias de aquellos actos que realizamos. Se trata de uno de los valores humanos más importantes, que surge de la capacidad humana al poder optar, entre diferentes opciones, y actuar haciendo uso de la libre voluntad.

La responsabilidad no sólo tiene relación con las consecuencias de nuestros actos, sino que también está asociada a los principios o valores, a aquellos antecedentes a partir de los cuales la persona ejerce su libre voluntad y actúa. De este modo, es comprensible que la responsabilidad esté en juego cuando una persona comienza a realizar ciertas actividades sin tener motivos reales para hacerlo, aún en el caso de que dicha acción traiga resultados positivos o favorables.
La responsabilidad de las personas es de suma importancia, ya que se trata de uno de los valores que permiten mantener en orden la vida en comunidad, demostrando con el resto el compromiso con las propias decisiones y con las consecuencias que éstas pueden generar tanto a la persona en sí como a quienes lo rodean.

Las personas responsables se diferencian de aquellas que no lo son en que las primeras siempre tienen en cuenta lo que están haciendo y no cuestionan si encuentran límites en las reglas que hayan de observar para cumplir sus objetivos. Por otra parte, una persona que carece de responsabilidad es aquella que siempre busca excusas para justificar aquello que no realizó, además de no mostrar un serio compromiso ante determinados asuntos hasta asegurarse de que las cosas están bien encaminadas. Es por esto que la responsabilidad, además de comportarse como uno de los valores humanos por excelencia, es tan considerada en múltiples ámbitos de nuestra vida, desde la búsqueda de un empleo, hasta todo tipo de relaciones interpersonales.

Solo el ser humano es responsable. La responsabilidad, la autonomía y la libertad son lo mismo y si no lo son, terminan convergiendo. El simple hecho de tener cosas, poseer desde un trabajo a una familia, pasando por propiedades de muy diverso tipo, llave anejas diferentes responsabilidades.
 
La Responsabilidad y la conciencia son inseparables: no existe verdadera conciencia sin responsabilidad y viceversa, no existe responsabilidad sin conciencia. De modo que, si la evolución tiende, como parece, hacia estados de una mayor conciencia, debemos esperar un crecimiento análogo de nuestra responsabilidad.

A la vista de todo ello parece importante proponer una ampliación del actual horizonte "ético". La conciencia y la responsabilidad pueden extenderse también en áreas mucho más amplias de aquellas que normalmente consideramos.
Nadie es totalmente autosuficiente ni actúa solo para sí mismo. Las relaciones sociales, familiares, trabajo, ocio…, constituyen una red de interdependencias.

Nadie que asuma su proceso de maduración puede inhibirse de dar respuestas a los sucesivos requerimientos con que se encuentra. Tiene que responder porque se le exige hacerlo, es decir, tiene que ser responsable. El movimiento ha de ser doble. Asunción de unos compromisos, y exigencias de que estos compromisos se cumplan satisfactoriamente. La responsabilidad es la respuesta a una demanda, implícita o explícita, a una expectativa de respuesta.
Y SURGE EL CONCEPTO DE RESPONSABILIDAD SIN CULPA:

Hoy se está produciendo un cambio en la noción de responsabilidad, y no solo en la moral, sino también en la civil. El mal moral es más difuso  y menos específico que el daño legal. Más allá de las exigencias legales, uno es moralmente responsable de lo que hace o deja de hacer. La responsabilidad frente a un daño no siempre va vinculada a la noción de culpa.

¿Quién es responsable de un accidente aéreo, de la drogadicción, del hambre...?, males que deben de ser reparados, independientemente de que puedan ser imputados a alguien. Pues bien, si el compromiso que debería fundar la responsabilidad civil es impreciso,  más lo será el compromiso que ha de fundar la responsabilidad moral. Mientras la moral fue subsidiaria de la religión, de un dios, el mal consistía en desobedecer su ley. Uno era responsable de incumplir una promesa con el creador de todo. Desaparecida esa relación como base del juicio moral, los daños o los males que hoy han venido a sustituir a los antiguos pecados son aquellos que afectan a toda la humanidad, que no siempre cuentan con un o unos culpables claros. Males que deben de ser reparados.
Somos responsables de aquello que tratamos de moldear en nuestra vida y debemos ser responsables, también, de nuestra voluntad de vivir.Por todo esto, me parece que la Vida, la Conciencia y la Responsabilidad constituyen un importante trinomio.

jueves, 14 de abril de 2011

[RICO - RICO]. EL COCIDO MADRILEÑO

¡Qué nadie se asuste! Esto no va a convertirse en un recetario sino en el estudio de la procedencia o historia de diferentes “platos” típicos, del enorme elenco culinario de nuestro país y que como casi todo en esta vida, cuenta con unos antecedentes que unas veces evolucionan hasta ofrecernos en la actualidad una apariencia muy diferente a su origen, o por el contrario permanecen fieles en el tiempo sin apenas mutaciones. Y esa es la pretensión de [RICO – RICO], que cuando estemos disfrutando de alguna de esas maravillas que nos concede nuestra inagotable gastronomía, conozcamos algo de su historia. Inicio así una nueva serie de entradas, dirigidas a este fin, sin perjuicio de continuar con las actuales o abrir nuevas series en el futuro, sobre cualquier otro tema.
El Cocido Madrileño es, quizás, el plato más representativo de la cocina de Madrid, y posiblemente uno de los cocidos de mayor renombre de entre las múltiples variantes que podemos encontrar. En mi investigación he encontrado dos vertientes que marcan un orden distinto en su origen.
De un lado, encontramos a los que señalan a los judíos sefardíes como los posibles introductores del uso del garbanzo en pausado estofado. “La Adafina” y la técnica del cocido pausado en general, muy adecuada a la forma de preparar los alimentos en el Sabbat, durante el que las normas judías prohíben estrictamente cocinar. No así otras actividades de supervivencia como calentarse, poner madera en un fuego, etc. De ésta forma era costumbre poner, la noche del viernes, todos los ingredientes en una olla de barro y colocarla estratégicamente cercana al fuego. Llegada la hora de comer solo era preciso volcar su contenido en un plato, lo que daría lugar a los “vuelcos” de especial significado, posterior, en el Cocido Madrileño.
Sin embargo, la mayoría de los historiadores culinarios apuntan a una evolución de la “Olla Podrida” (mencionada habitualmente en la literatura del Siglo de Oro) y que posteriormente hicieron suya los sefarditas españoles como “La Adafina” (del árabe dafana: tapar), con el fin de cumplir con el Sabbat, como se dice en el párrafo anterior.
La olla podrida es un plato contundente de la cocina castellana y en especial de la provincia de Burgos. Se trata de una receta muy antigua, cuyo nombre primitivo "Olla poderida" la sitúa en la mesa de los "poderidos" o poderosos y no hace referencia a que se elaborara con ingredientes en mal estado.
Fue tan popular y delicioso que hasta las monarquías de los Austrias y los Borbones lo hicieron como suyo desde el siglo XVI y sólo lo dejaban de tomar en verano. Este prestigio plato pasó a Francia, semejante exquisitez gusto mucho a los franceses, puesto que, también desde el siglo XVI, copiaron literalmente la denominación española: olla podrida (pot “olla” y pourri “podrido”, ya que pot es masculino en francés). Por la cantidad, variedad y heterogeneidad de los ingredientes característicos de este españolísimo plato, muy pronto se generalizó el término pot pourri (popurrí), con la acepción metafórica de mezcolanza de cosas diversas.
La olla "poderida" o poderosa, es definida como la que, además de las carnes, tocino y legumbres (el garbanzo es la única legumbre empleada en el cocido madrileño), tiene en abundancia jamón, aves, embutidos y otras suculencias como determinadas verduras y hortalizas.
La Olla Poderida se extiende por todo el imperio español y se adapta a los gustos de las distintas regiones: En Asturias y Galicia recibe el nombre de pote debido al recipiente en que se cocina. En Andalucía, puchero gitano o cocido “colorao”, según se añadiese tocino y chorizo curado en manteca. En Cataluña la variante podría ser la escudella. En el cono sur de América se la denomina puchero criollo y se dan tantas variedades como países o regiones existen. En Madrid mantuvo el nombre original, derivado de su forma de elaboración. El cocido es una receta utilizada por todos los grupos sociales. No obstante, la variación de sus ingredientes en relación al poder adquisitivo de los comensales, hacen de esta receta múltiples variantes.
Al margen de las diferencias que puedan marcar los ingredientes, de unas recetas a otras, existen dos cocidos que presentan una curiosa peculiaridad en cuanto a la forma de ser servidos, se trata del “Madrileño” y del “Maragato”, pero a estas dos peculiaridades me referiré en una próxima entrada.

miércoles, 13 de abril de 2011

CUARTO ANILLO. ¡EL IMPERIO CONTRAATACA!

Soy consciente que el título que he elegido puede sonar a ciencia ficción, a episodio de Star Wars, Guerra de las Galaxias, pero para nada, aunque no es menos cierto que en algunos aspectos podría parecer ficción, a un tanto lejano de la previsible realidad. No cabe la menor duda que la era más reciente viene marcada por importantes conquistas científicas y fantásticas innovaciones tecnológicas que, sin duda, han provocado profundas transformaciones en el estilo de vida de las personas, acentuándose de manera importante el concepto de excelencia.
Si nos detenemos brevemente en el concepto de excelencia empresarial podríamos decir que se trata del conjunto de prácticas sobresalientes en la gestión de una organización y el logro de resultados basados en conceptos fundamentales que incluyen: La orientación hacia los resultados, orientación al cliente, liderazgo y perseverancia, procesos y hechos, implicación de las personas, mejora continua e innovación, etc., aspectos entre los que como mínimo cabe destacar que falta recorrido en la implicación de las personas, que no es objeto de esta entrada.
En el otro extremo, o al menos no en el mismo, tendríamos que hablar de la excelencia individual de las personas, pudiendo decir que un ser humano es excelente cuando influye en los demás y busca siempre el bien para él y para los que le rodean. La excelencia es saber amar, saber ser amado y ver siempre las cualidades de las otras personas, buscando constantemente su bienestar. La excelencia es saber servir y apoyar con placer a los demás, porque entre todos se pueden encontrar una mejor forma de hacer las cosas. La excelencia es saber construirse sólidamente como ser humano.
En mi opinión, “El Cuarto Anillo” se nutre de todos aquellos que están pagando las consecuencias de que los otros tres anillos han fallado estrepitosamente ante el mundo de la excelencia, que todo el mundo persigue; y no pretendo redimir o eximir a muchos que se encuentran en él por interés y ambición personal. Veamos:
“El Primer Anillo” está integrado por el Gobierno y las Instituciones, responsables de proveer a los ciudadanos de servicios públicos de excelente calidad, pero evidentemente bajo el viejo principio de igualdad de oportunidades, y como leía el otro día, “eliminar el perverso abismo que separa la isla de los ricos del océano de los pobres”, mediante una política de crecimiento económico, creación de empleo y mejora en la distribución de renta, aspectos que desde luego no parecen vislumbrarse en un horizonte de corto plazo, a pesar de los “brotes verdes”.
“El Segundo Anillo” se conforma desde la iniciativa privada, esfera cuya singular y clara motivación es el lucro, pero sí el apuntar por el mejoramiento continuo del proceso productivo apunta a ser lo más inteligente de las estrategias empresariales, hay elementos que nos dicen algo más. Es evidente que estamos ante las estadísticas de mortalidad empresarial en índices nunca sospechados, probablemente por una insuficiente investigación de mercado, carencias en la planificación estratégica de la empresa, posible falta de experiencia en la moderna gestión empresarial, pero sobre todo por una clara falta de recursos financieros, con evidentes dificultades de liquidez de su circulante, provocada por la restricción del crédito de un lado, y las elevadas tasas de morosidad, incluso desde las administraciones públicas.
“El Tercer Anillo”, altamente variopinto, se nutre de un sinfín de instituciones “sin ánimo de lucro”, entre las que podemos encontrar sindicatos, fundaciones, ONGs, etc., etc., en las que lamentablemente, al menos en un elevado número de ellas, se aprecia una disonancia entre los objetivos que proclaman y las acciones que acometen: altas remuneraciones a sus “funcionarios”, dispendios, comisiones, irregularidades y contratos con clientes y proveedores dudosos, la sospecha que demasiadas veces recae sobre estas actuaciones, quiebra todo tipo de confianza y hacen dudar que los cientos de millos de Euros o Dólares que estas Organizaciones mueven se realice de la forma más igualitaria y equitativa, que socialmente cabría esperar y por supuesto desear.
“El Cuarto Anillo” lo configura la economía informal e incontrolada, la que tristemente conocemos como “economía sumergida”, montada desde los nada deseables pero creativos artificios, cuyo objetivo prioritario es la abstención tributaria, es decir, eludir la obligación de aportar, a la economía común, una parte del esfuerzo productivo propio. Tal ha sido su desarrollo que ha superado todo tipo de discriminaciones o perjuicios sociales, culturales, raciales e incluso profesionales, todo el mundo cabe. Hasta el extremo de que en este colectivo encontramos personas que se han visto inexorablemente atrapadas por la situación, conviviendo con los que se desenvuelven en ella de manera complaciente y que parece que no son pocos.
Desde luego da escalofríos leer que le Producto Interior Bruto de este tipo de economía, subterránea o sumergida, pero desde luego nefasta, supera una decena de trillones de dólares. Sin duda tan gigantesca masa de recursos financieros, libre de aportación tributaria, causa estragos sociales entre las rentas más bajas.
Parece razonable que podríamos “apelar a la mayor” diciendo que la dimensión de este “Cuarto Anillo” podría disminuir, considerablemente, si hubiese un restablecimiento ético entre sus integrantes y que lo que suena a bonito discurso, “de cumplir con las obligaciones cívicas” se convirtiese en una práctica habitual, desde luego no me cabe la menor duda, pero creo que a ese proceso de regeneración de salud ciudadana, los otros tres anillos podrían ayudar mucho mejorando aspectos como:
  • Los centenares de millones de parados.
  • La elevada carga tributaria para unos y liviana para otros.
  • La ambición desenfrenada, tanto en organizaciones públicas como privadas.
  • Una legislación laboral desfasada.
  • Una burocracia excesiva.
  • Costes y trámites (tiempos y papeleo) elevados para la apertura de nuevas empresas.
  • Ineficiencia y falta de credibilidad del Gobierno.
  • Falta de transparencia contable.
Y un montón de variables más que nos llevan a soluciones más fáciles como condenar la venta pirata de CDs, cosa que yo también hago, pero que no son el peor mal que nos ocupa, y es que no todo el mundo que hoy se encuentra en “El Cuarto Anillo” es execrable, porque muchos lo están pasando muy mal.

martes, 12 de abril de 2011

VALORES - XIII (HUMILDAD)

Si solo poseyéramos una virtud es más que probable que ésta nos condujera al vicio, al uso inapropiado por exceso o defecto y es que todas y cada una de las virtudes, valores o conductas, precisan o es recomendable la presencia de sus hermanas mayores y en muchos casos de las menores. La humildad es una virtud del realismo, pues consiste en ser conscientes de nuestras limitaciones e insuficiencias y en actuar de acuerdo a tal conciencia. Es más, la humildad es la sabiduría de lo que somos.
No  obstante, para Nietzsche, no muy próximo precisamente a doctrinas espirituales o religiosas, la humildad no podía significar más que una bajeza, una debilidad de instintos propia de quién actúa inspirado por una moral de esclavos. Para su idea moral del superhombre, en cambio, a la sombra de la humildad hay que oponer la claridad de la altivez, tan alabada por los griegos y desde luego, por Nietzsche.
Sin embargo, la mente humilde es receptiva por naturaleza y por lo mismo es la que mejor está dispuesta a escuchar y a aprender. En el caso opuesto está la mente arrogante que por saber mucho de algún tema se cree capaz de opinar y debatir de asuntos sobre los cuales no conoce ni los principios más básicos, creyendo estar preparada para emitir juicios válidos sobre cosas de las que no tiene ni la más remota idea. Esta carencia de reconocimiento de los límites de sus capacidades o conocimientos, hace al arrogante construir su ilusión de ser más importante que los demás.
El verdadero humilde considera siempre que las experiencias de la vida son posibilidades abiertas para aprender cada vez más. La humildad como conciencia de nuestra capacidad de engañarnos o confundirnos nos hace más fácil la tarea de reconocer nuestros errores. Ser humilde es permitir que cada experiencia te enseñe algo y desde ahí, desaparecen miedos y se propicia el crecimiento.
Si tienes el convencimiento de ser humilde no te avergüences de ello. La humildad es el conocimiento perfecto de lo que “somos y podemos”, sin ilusionarnos con cualidades que no tenemos. Humildad no es una postura del cuerpo, ni un tono de voz; es una actitud del espíritu, que sabe lo que es y lo que puede ser. La humildad es una cualidad que reporta “pingües” beneficios, como:
  • Al ser conscientes de las cosas buenas que nos rodean, desaparece la sensación de sentir envidia hacia otros. Lograr ser humilde proporciona felicidad.
  • Valorarse uno mismo propicia valorar a los demás, lo que proporciona armonía con uno mismo y honor y respeto por los demás.
  • La humildad crea serenidad por lo que dificulta el enojo y la aparición de peleas.
  • Con humildad uno no tiene miedo sobre sus propias valías por lo que demuestra una elevada capacidad para admitir equivocaciones.
  • Al humilde le resulta más fácil perdonar a los demás, que incluso, a veces, ni pueden.
Si entendemos la humildad como la carencia de vanidades, hablaremos de ella como una característica distintiva de las personas inclinadas a “lo noble”. La humildad es, entonces, carencia de fantasía insana, amor y servicio. Pero, como todo, el exceso acaba en aberración negando lo mismo que dice afirmar; existen demasiados “humildes” que han dado forma desde su falsa humildad una máscara, agradable y sofisticada pero de enorme vanidad interior.
Quién hace bandera de su humildad rindiéndola culto público diario, lo hace por vanidad, habiendo considerado que es el camino fácil para que se le admire con mínimo riesgo posible para sí mismo y que su aparente caridad o generosidad, no va más allá de una simple reafirmación de “Sí mismo”.
La falsa humildad es la imagen invertida y descolorida de la verdadera, hay una gran distancia entre el humilde de corazón y el humilde “teatral”, y por ello hemos de esforzarnos en distinguir ambas humildades, algunos de los rasgos más destacables entre las personas de humildad sincera son:
  • Todos deseamos una palabra de aliento cuando las cosas no han ido bien.
  • Y comprensión cuando, a pesar de la buena voluntad, nos hemos vuelto a equivocar.
  • Y que se fijen en lo positivo más que en los defectos.
  • Y que haya un tono de cordialidad en el lugar donde trabajamos o al llegar a casa.
  • Y que se nos exija en nuestro trabajo, pero de buenas maneras.
  • Y que nadie hable mal a nuestras espaldas.
  • Y que haya alguien que nos defienda cuando se nos critica y no estamos presentes.
  • Y que se preocupen de verdad por nosotros cuando estamos enfermos.
  • Y que se nos haga la corrección fraterna y respetuosa de las cosas que hacemos mal en vez de comentarlas con otros.
  • Y…
Estas son, entre otras cosas, las que, con humildad y espíritu de servicio, hemos de hacer por los demás.

domingo, 10 de abril de 2011

CISNES NEGROS

Hasta hace muy poco tiempo no conocía ningún cisne negro, es más, siempre había pensado que todos eran blancos, gráciles y majestuosos, en estos momentos se, de al menos dos:
El libro “El cisne negro”, de Nassim Nicholas Taleb, subtitulado “El impacto de lo altamente improbable” que introduce el concepto de “Cisne Negro” como un suceso con tres características básicas: Gran impacto, difícil de predecir y sobrepasa las expectativas aceptadas.
Y la película “Cisne Negro”, dirigida por Darren Aronofsky en la que una bailarina, de ballet, se enfrentará a la rivalidad de una compañera; una confrontación cada vez más tensa conforme se acerca el día de un gran espectáculo. El problema es que no se sabe si esa compañera es una aparición sobrenatural o es fruto de la mente perturbada de la protagonista. Una buena parte de la crítica dice que el desenlace es simplemente excelente, pero no voy a revelar el final, ni tengo esa intención ni le conozco.
Dicen que los excesos visuales y casi podríamos decir inmorales de Cisne Negro (la película) han revelado para algunos un mensaje profundo: la felicidad no es una meta, sino el modo en el que caminamos. Idéntico al que proponía, de manera más templada, la película en la que claramente se ha inspirado: “Las zapatillas rojas” (1948), que ganó dos Óscar.
En un mundo en el que nos despertamos cada día con una noticia más desconcertante que la precedente; en el que muchos Medios de Comunicación se han convertido (la cuenta de explotación manda) en agoreros de apocalipsis contiguas, es conveniente reflexionar desde la orilla.
La existencia del ser humano desde que el mundo es mundo ha de consistir en la búsqueda de equilibrios vitales. Quienes, como en Las zapatillas rojas o en Cisne Negro, se empeñan en hacer caso omiso de la vida frente al éxito, acaban en el despeñadero. Demasiadas personas y organizaciones, azuzadas por una crisis económica y de valores, corren aceleradamente hacia ningún sitio.
La armonía que hemos de ir creando entre las exigencias organizativas y la protección del propio refugio afectivo es esencial para mantener el sentido común. Sin equilibrios, la existencia de muchas personas y corporaciones no es vida, sino mera duración.
Dentro de cada uno se debaten un diablo (o una horda) y un ángel (o una escuadra). Cuando nos dejamos dominar por los primeros, aflora la envidia, la destemplanza, la ira… y toda una carretada de reacciones que se vuelven contra quienes las consienten. Triste es ver a profesionales incluso valiosos, también en el ámbito de la política, que en vez de proponer ideas pretenden alcanzar un hueco en el mercado a base de descalificar a otros. Enhebrando calumnias, difamaciones o sencillamente simplezas, ignoran que, como bien dijera Shakespeare, lo peor de quien embauca es que él mismo se transforma en embaucador.
Frente a esos mediocres, surgen profesionales en todos los ámbitos dispuestos a abrir nuevos caminos, sin recrearse en lamentos y desengaños. En los tiempos que corren, son precisas personas profesionalmente bien formadas, y… decentes.
Son los próximos meses los que nos pueden ayudar si aplicamos unas buenas dosis de realismo ilusionado, no de ficciones, falacias o improperios. De esta crisis se sale (como de las anteriores) con esfuerzo diario. Quienes dejen que su cisne negro prevalezca y se nieguen a ceder en prebendas (justas o injustas) no colaboran a la recuperación. Tiempo, pues, de sueños entusiastas, fijos los ojos en ese periodo de nuevo crecimiento que se forja con esfuerzo y sacrificio, siempre que cada uno sepa aportar su grano de arena.
Ojalá dejemos que aflore nuestro cisne blanco y no dejemos que las zapatillas rojas nos arrastren hacia donde no deberíamos encaminarnos.
Pero quiero volver brevemente al otro “Cisne Negro” para decir que es una delicia para todos los curiosos que no se quieren rendir. Las páginas de este libro son un canto al escepticismo (higiénico), el cual nos separa de dogmas y verdades absolutas y nos acerca al conocimiento general más que al específico.
La realidad nos demuestra día a día que el movimiento no viene de las “cátedras ni los doctorados”, sino del dinamismo vivo. Seamos más críticos y partiendo de una vasta pluralidad de fuentes, montemos nuestro propio criterio, el cual puede ser más o menos acertado; pero será el nuestro.