RICOBLOG

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jueves, 29 de septiembre de 2011

SÍ DIGO ESTUPIDEZ, ¿ES PRECISO DECIR HUMANA?

El término “estupidez humana” con el que he tropezado en numerosas ocasiones, me parece una redundancia, pues en mi opinión solo la especie humana es capaz de ser estúpida, al menos como yo lo entiendo.

El historiador económico Carlo María Cipolla, en sus ensayos sobre la estupidez humana dijo, entre otras cosas: “Tengo la firme convicción, avalada por años de observación y experimentación, de que los hombres no son iguales, de que algunos son estúpidos y otros no lo son”.
La RAE define estupidez como: “Torpeza notable en comprender las cosas”. No suelo tener la osadía de demostrar mi desacuerdo con las sentencias léxicas de nuestro “Diccionario”, maestro y señor de nuestra lengua, pero en esta ocasión creo que nos muestra un significado cuando menos benévolo en exceso, tal vez no en su ámbito conceptual o etimológico, pero desde luego sí en cuanto a la nefasta capacidad de influencia en el ámbito social. En mi opinión la estupidez es el producto final de una receta que combina, a partes iguales, sandez, insensatez, estolidez y estulticia; y es que las estupideces siempre dejan un amargo sabor a necedad, falta de sentido o razón y despropósito.
Nadie está libre de cometer en cualquier momento de su vida una estupidez, pero solo los estúpidos suelen sentirse orgullosos de sus estupideces, persistiendo así en sus errores, lo que evidencia una paupérrima capacidad para entender, inhabilitándoles para el aprendizaje y crecimiento personal y esto no quiere decir que un inteligente no pueda ser estúpido, lo que pretendo es afirmar que un estúpido se niega, a sí mismo, la posibilidad de aprovechar el potencial de su inteligencia. El filósofo Bertrand Russell entendía que: “La causa fundamental de los problemas del mundo es que los inteligentes están llenos de dudas y los estúpidos completamente seguros”.
Por la estupidez no se siente ningún tipo de simpatía ni se le confiere beneficio o provecho alguno, es más, ante ella se declara rechazo por su miseria moral e intelectual, reflejando falta de racionalidad y sensibilidad. La persona estúpida es terca, no escucha y no admite la posibilidad de ver las cosas desde otro punto de vista, exaltando o fanatizando cualquier idea por absurda que sea, sin embargo, para las personas normales o inteligentes el factor estupidez es circunstancial. Todos estos argumentos, por lo común, serán aceptados por todo el mundo, sin embargo la estupidez existe. Albert Einstein aseguró: “Hay dos cosas infinitas, el universo y la estupidez humana. Y del universo no estoy seguro”.
Volviendo a Carlo María Cipolla podríamos decir, conforme a sus estudios, que hay cuatro tipos de personas:
  • Inteligentes: Se benefician beneficiando a los demás con sus acciones.
  • Incautos: Se perjudican beneficiando a los demás con sus acciones.
  • Malvados: Se benefician perjudicando a los demás con sus acciones.
  • Estúpidos: Se perjudican perjudicando a los demás con sus acciones.
Son los inteligentes los que más y mejor enriquecen la sociedad, mientras que los estúpidos, por impredecibles, son funestos y peligrosos, empobreciendo y causando daño a la sociedad, peor aún, si el estúpido tiene iniciativa hace todavía más daño. Y el colmo de los colmos es cuando el estúpido hace estupideces para congraciarse y ser aceptado por otros estúpidos.
¡Que no te preocupe cometer alguna estupidez si eres capaz de reconocerlo, preocúpate de no ser estúpido!

domingo, 25 de septiembre de 2011

LA CAPA QUE TODO LO TAPA

La Expresión “estar de capa caída” que pretende evidenciar una carencia en bienes o salud, parece tener sustento en la pretendida desaparición de tan singular y elegante prenda, y es que parece que no es una prenda de fácil “maridaje” (expresión de máxima actualidad) con los vaqueros y camisetas decoradas con figuras de más o menos dudoso gusto; sin embargo, la capa no ha caído en el desuso que algunos pudieran imaginar, por considerarla una prenda antigua o desfasada. En la actualidad en España existen más de setenta Asociaciones de Amigos de la Capa que vienen celebrando desde hace más de diez años los Encuentros Nacionales de la Capa Española. Disquisiciones y opiniones aparte, lo que parece que nadie puede negar es que la capa ha tenido una actualidad esplendorosa en cada momento de su pasado.

Los pueblos romanos y prerromanos de la meseta castellana conocían el uso de la llamada “sagúm celtíbera”, una capa de lana, abierta a los costados y sujeta con una fíbula o broche en el hombro. Los árabes nos legaron el “albornoz” que literalmente significa capa o capote con capucha. En el s. XVI, la capa era signo de linaje, y cuanto más corta, mayor nobleza se le suponía al portador. Así, la capa del Rey estaba rematada en la cintura, los gentiles hombres la llevaban a medio muslo, los artesanos y menestrables por las rodillas, y las de los campesinos llegaban hasta los pies.

Es a partir de este momento cuando la prenda de vestir de estas características empieza a denominarse capa española, extendiéndose su uso a muchos otros países. Con el s. XVIII y la llegada de los borbones, de gustos afrancesados, las capas comienzan a fabricarse con tejidos más ligeros y con colores más vivos, y se utilizan de mayor longitud, conforme a los gustos de la época. Los diferentes colores, como sucediera antes con la longitud, marcaban las diferencias sociales: Las de color grana eran características del pueblo bajo.

En el s. XIX, la capa española, en todas sus modalidades, conoce su máximo esplendor y a principios del s. XX las modalidades de capa se redujeron prácticamente a un solo modelo: Capa de paño negro o azul marino con los bordes delanteros y embozos de terciopelo de vivos colores, con la esclavina adornada con pasamanería y con el cuello rematado por un broche.

En 1766, bajo el reinado de Carlos III, a quién se sobre-denominó “el mejor alcalde de Madrid”, la capa jugó un papel protagonista en la historia de la época, y aunque no puede decirse que fue la causa, al menos la única, sí que fue la mecha que encendió el famoso “Motín de Esquilache”. Esquilache fundándose en razones de seguridad ciudadana, prohibió la capa larga y los sombreros de ala ancha, tratando de implantar la capa italiana, mucho más ligera y pequeña, y el sombrero de tres picos, sin ni siquiera intuir la repercusión política y social que la medida iba a tener.

Realmente esta imposición, que se entrometía en las tradiciones españolas, fue la gota que desbordó el vaso del descontento, colmado por la hambruna existente, la constante e incontenible subida de precios y la presencia de un elevado número de extranjeros en puntos clave de poder. El Rey capituló derogando la Real Orden y retirándose temporalmente a Aranjuez desde donde decretó el destierro a Medina del Campo del Marqués de la Ensenada y la expulsión de territorio español de la Compañía de Jesús, como instigadores y responsables de las revueltas.

Hoy, la capa española, de elegancia propia, es una prenda olvidada por muchos y añorada por algunos, pero unos y otros debieran recordar que “el abrigo se pone y la capa se lleva”.

jueves, 22 de septiembre de 2011

UN PROYECTO PARA TU VIDA

¿Quién no ha experimentado en alguna ocasión una sensación de “vacío” personal? Generalmente es una sensación que sobreviene en situaciones de inestabilidad económica, personal o emocional. Es una sensación que te exige preguntarte sobre lo que estás haciendo por ti mismo: ¿En qué estoy invirtiendo mí tiempo?, ¿Qué hago por mí y para mí?, ¿Qué estoy construyendo?

Con frecuencia nos sentimos seducidos por la autorrealización, es más, si fuera posible desearíamos dejar huella de quién fuimos y lo que fuimos; pero si pretendemos ser dueños de nuestra huella no podemos esperar a que el futuro nos la muestre, es ahora, en el presente, cuando hemos de decidir que huella desearíamos dejar y para eso necesitamos “un proyecto de vida”.

Un proyecto de vida sobre el que trabajar y construir algo por nosotros y para nosotros, cuestionarte tu día a día y si es preciso revelarte ante la inercia de tu diseño de vida actual. Generalmente, seas hombre o mujer, la vida te va a adjudicar un papel y te corresponderá ser madre, padre, hijo, pareja o profesional de tal o cual desempeño, pero… ¿Es eso lo único que quieres?, puede que no sea suficiente y es precisamente de ahí de donde viene tu sensación de “vacío”.

Mi propuesta es que plantees tu futuro como un negocio, tu principal negocio, un negocio que te ha de reportar los mayores beneficios de tu vida, que desde luego no tienen por qué ser económicos. Has de convertirte en lo que hoy llaman un “emprendedor”, no desde el ámbito de iniciar o abrir un negocio más o menos convencional, tu principal negocio eres tú y ya está abierto. ¿Por qué no hacerle funcionar? Asumir el rol de “emprendedor” implica trabajar sobre un proyecto que implica construir, implica disciplina en pos de una meta, implica alcanzar algo por ti y para ti, implica, implica, implica… Tu proyecto siempre estará en “mañana” pero no será alcanzable si no se inicia “hoy”.

Desde luego lo que yo puedo decir es qué si lo deseas sinceramente deberás hacerte algunas preguntas, sin restricciones, con valentía y desde la honestidad hacia ti mismo, tratando de responderte sin límites y libre de juicios y prejuicios, necesitas responder a preguntas del tipo: ¿Qué quiero lograr?, ¿Cuál es mi objetivo?, ¿Qué cambios necesito realizar?, ¿Puedo cambiar?

Aún contestándose sinceramente a las anteriores preguntas, quedan algunas cuestiones en el aire que aconsejan más y más preguntas, incluso algunas ya formuladas: ¿Cómo puedo llevarlo a cabo?, ¿Qué dificultades puedo encontrar?, ¿Realmente quiero el cambio?, ¿Entenderán los demás mi cambio?

Soy consciente de que todo esquema basado simplemente en preguntas a responder resulta, en apariencia, extraordinariamente simple, la dificultad proviene del miedo a responderlas de forma en que dichas respuestas nos obliguen a explorar nuevas y desconocidas posibilidades de actuar en la vida, temor que llega a evitar el hacerse dichas preguntas, eliminando la posibilidad de obtener respuestas deseables y necesarias para abordar nuevos “proyectos de vida”.

Mi pequeña experiencia como Coach Ejecutivo, me recuerda la ventaja que supone contar con un Coach (acreditado en formación y experiencia) cuyo protagonismo no reside en darte consejos, ni recetas milagrosas, sino acompañarte a esas zonas más incómodas, que en solitario eludirías, para que tu encuentres y decidas las mejores soluciones para el que debe ser tu mejor negocio ¡Tú mismo!

lunes, 19 de septiembre de 2011

RESILIENCIA

Es una palabra que confieso que me cuesta mucho recordar para poder pronunciarla correctamente, tanto que creo que voy a desistir. Aun recuerdo los esfuerzos que realicé, en mi adolescencia, para dominar expresiones como “esternocleidomastoideo” o “supercalifragilisticoespialidoso” ¿Y para qué?, la primera  vez que las utilizabas tratando de impresionar a alguien, te quedabas “con dos palmos de narices” y es que todo el mundo las conocía, dominaba y pronunciaba correctamente, incluso algunos eran capaces de hacerlo de atrás hacia adelante, es decir, al revés, ¡Un desastre vamos! Por ello ahora me aferro a palabras como amor, amistad, honestidad, compromiso, etc., que si bien es cierto que resultan fácilmente pronunciables, a la vez no todo el mundo conoce su verdadero significado, o lo que exige practicarlo.

Pero volviendo a nuestro dichoso término de “Resiliencia” encima resulta tener varios significados según el contexto en que se utilice: Por ejemplo en ingeniería es una magnitud que cuantifica la cantidad de energía por unidad de volumen que almacena un material al deformarse elásticamente debido a una tensión aplicada; en ecología es la capacidad de las comunidades de soportar perturbaciones y en psicología es la capacidad de las personas de sobreponerse al dolor emocional para continuar con su vida, de tal forma que cuando una persona es capaz de hacerlo podemos decir que tiene una resiliencia adecuada, que puede sobreponerse e incluso que sale fortalecida de los contratiempos. Es en este último contexto en el que deseo que nos situemos.

En los momentos en que irremediablemente hemos de afrontar situaciones difíciles o de conflicto, aparecerán simultáneamente una serie de sentimientos o emociones que nos costarán, más o menos, gestionar; con algunas de esas emociones nos sentiremos más o menos familiarizados como pueden ser el caso de la tristeza o la ansiedad, sin embargo, otras pueden causarnos extrañeza e incluso rechazo, este sería por ejemplo el caso de la vulnerabilidad.

Desde niños hemos crecido bajo la cultura de “tenerlo todo bajo control” por lo que si emocionalmente percibimos una disminución de nuestra capacidad de control, automáticamente nos sentimos mal, como indefensos; no hemos sido capaces de aprender que se puede ser fuerte y vulnerable a la vez, lo que nos lleva a que si entendemos que hemos de decidir entre una u otra característica, generalmente nos inclinaremos por la fortaleza.

Pero la fortaleza no consiste en cerrar los ojos ante nuestras debilidades o flaquezas para ignorarlas, sino en reconocerlas y afrontarlas, ya que no hay nadie más fuerte que el que conoce bien su debilidad y ha hecho las paces con ella.

Es responsabilidad, de todos y cada uno de nosotros, el que la vulnerabilidad pase a verse como algo natural y no solo como un signo de debilidad o estupidez.


sábado, 17 de septiembre de 2011

EL CUERPO, CÓMPLICE DE NUESTRO LEGUAJE

Hace algunos días edité una entrada relativa al refranero español, un modismo de expresión popular y habitual hasta hace algunos años, pero que sin duda hoy en día solo protagoniza páginas que pertenecen a la historia; también lo hice sobre los mensajes cortos a móviles, actuales protagonistas destacados en el arte de la comunicación, fundamentalmente entre jóvenes y adolescentes. Pero nuestro lenguaje tiene otras peculiaridades que subsisten y mantienen todo su vigor, como esa enorme batería de “frases hechas” que barnizan su significado real, con capas de sátira, ironía y a veces pretendida suavidad, para evitar expresiones más hirientes o molestas para el destinatario.

Pero, de este fenómeno lo que más me ha llamado la atención es que el protagonista destacado de estas “frases hechas” es el cuerpo humano, en efecto, múltiple y diferentes partes del cuerpo humano son utilizadas como elemento de metáfora o trampolín para formular sentencias, a veces de contenido contundente, pero en formato “light”.
No me cabe la menor duda que la lista que adjunto no es absoluta y que existen aun más “frases hechas” ligadas a partes del cuerpo humano, pero creo que resulta suficientemente representativa de mi reflexión:

Al pie del cañón
Se aplica a alguien que siempre está disponible.
Caérsele el pelo
Estar a punto de recibir una pena o castigo por algo.
Con pelos y señales
Cuando se expresa o dice algo con todo tipo de detalles, a veces, incluso en exceso.
Costar un ojo de la cara
Cuando el precio es desorbitado o muy superior a lo considerado normal.
De boca en boca
Algo que se conoce y extiende por comentarios.
Estar de morros
Estar de mal humor o enfadado con alguien.
Estar hasta las narices (la coronilla/el cogote/el moño)
Estar muy cansado física o moralmente. Estar muy enfadado. Estar harto.
Estar metido hasta el cuello
Estar totalmente implicado en un asunto.
Estirar la pata
Expresión coloquial de morirse.
Hacer oídos sordos
No querer enterarse de algo. No hacer caso. No prestar atención. Es como si, de repente, uno tuviera la capacidad de cerrar los oídos.
Hacerse la boca agua
Desear algo mucho, sobre todo de comida y bebida.
Le zumbarán los oídos
Cuando se habla de alguien en su ausencia
Meter la pata
Equivocarse, cometer un error.
No abrir la boca
No hablar.
No dar pie con bola
Equivocarse de forma continua.
No pegar ojo
No dormir o dormir muy poco.
No tener dos dedos de frente
Ser un insensato.
No tener pelos en la lengua
Atrevimiento u osadía a la hora de hablar, sin miedo a las consecuencias.
No tener pies ni cabeza
Sin sentido.
No tener un pelo de tonto
Ser muy listo.
Ojos como platos
Gustarle mucho a uno  algo.
Pillar con las manos en la masa
Descubrir a alguien en un momento generalmente comprometido.
Poner el dedo en la llaga
Hablar de la realidad, aunque ésta sea dura, perjudicial o cruel. Tratar el asunto más delicado de una cuestión.
Poner los dientes largos
Provocar la envidia de alguien. Hacer desear algo con avidez o vehemencia.
Ser un bocazas
Ser una persona que habla demasiado, generalmente de forma imprudente o insultante.
Ser un cabezón
Ser muy testarudo.
Ser un manazas
Ser una persona que no tiene habilidad manual y estropea todo lo que pasa por sus manos.
Tener en la punta de la lengua
Estar a punto de acordarse de algo.
Tener entre ceja y ceja
Tener manía.
Tener la cabeza muy dura
Ser un cabezota.
Tener la lengua muy larga
Hablar demasiado y, generalmente, de forma inadecuada e inoportuna. No saber guardar un secreto.
Tener los pies en el suelo
Ser realista y práctico.
Tener mucha cara (jeta/morro/rostro)
Ser muy atrevido y desvergonzado.
Tener un corazón de oro
Ser muy generoso. Tener buenos sentimientos.
Tener una mano larga
Propensión a apropiarse de lo ajeno.
Tomar el pelo
Engañar o gastar una broma a alguien.

¡Cierto! Es verdad que hay otra categoría de expresiones o “frases hechas” que he obviado, porque su formato puede resultar grosero o de mal gusto para mucha gente, pero están ahí y no pueden ser ignoradas, porque entre otras cosas, además de ser de uso común, pretenden o se les confiere una mayor contundencia que a las anteriores. Por ejemplo:
“No me sale de los co….” Forma enfática con la que pretendemos dejar claro nuestra negativa a hacer algo.

“Poner los hue… sobre la mesa” Que expresa enfrentarse de manera decidida a algo o a alguien.
“Podías meterte la lengua en el c…” Claro deseo de que alguien calle, que guarde silencio.

“Vete a tomar por c…” Manifiesta de forma clara que deseamos perder de vista a alguien, o cuando menos que no nos interesa nada su opinión.
En fin, voy a sacar una conclusión consciente de que carece de toda base científica, pero si nuestro cuerpo juega un papel tan importante en nuestra comunicación, ¡CUIDÉMOSLE!

jueves, 15 de septiembre de 2011

MIS QUIMERAS. "La Gran Paradoja"

Rondando ya mediados de Septiembre, no se los días que quedarán para que los tibios rayos de sol me ayuden a desperezarme por la mañana, una sensación muy agradable, sobre todo sí has disfrutado de una noche plácida y un dormir tranquilo. Esa paz matinal me llevó a recuperar la imagen de un entrañable anciano que durante la noche, en sueños, me contó un relato:

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana había un planeta al que llamaban “El Planeta”. Era muy similar a nuestra Tierra, con su atmósfera, sus mares, sus montañas, su flora y su fauna. Estaba habitada por seres muy parecidos a nosotros, encontrándose en un punto de evolución tecnológica muy similar al nuestro, aunque eran mucho más avanzados en la parte social y trataban mucho mejor a su planeta.
En este mundo también existía Internet, o algo parecido, y había cantantes, industria discográfica, empresas distribuidoras de cine y editoriales. Pero a diferencia de lo ocurrido en La Tierra, todos ellos supieron anticiparse a las tendencias cambiantes y adaptarse a las nuevas tecnologías. Abrieron nuevos mercados alternativos y fórmulas de distribución por la Red con costes bajos y elevados contenidos de calidad que evitaron que se impusiera la copia indiscriminada, y no sólo no sufrieron crisis alguna sino que volvieron a crecer y ganar más dinero. Evidentemente hubo unos pocos que quisieron oponerse a este nuevo sistema para seguir como antaño, pero se impuso el sentido común y estos elementos discordantes fueron expulsados de “El Planeta” y enviados a La Tierra, donde llegaron a ocupar puestos de relevancia en grandes multinacionales, incluso alguno de ellos llegó a dirigir el Ministerio de Cultura.
Ya he comentado que “El Planeta” era muy parecido a La Tierra y, al igual que ésta, tenía lugares maravillosos dignos de ser fotografiados. Como sus habitantes eran muy listos, no tardaron en inventar algo parecido a las cámaras fotográficas y a compartir todos sus trabajos por su Internet particular. Para este menester crearon una especie de gran punto de encuentro donde los fotógrafos pudieran exponer sus fotos y que las demás pudieran verlas. A este punto de encuentro lo llamaron “TodoFotos”. Por otro lado había una gran empresa llamada “MejoraMás” que se dedicaba a desarrollar un software muy potente que usaban los estudios de diseño y fotografía profesionales para procesar y mejorar sus trabajos.
Con el tiempo algunos fotógrafos profesionales empezaron a mostrar sus trabajos en “TodoFotos” y los aficionados se interesaron por sus técnicas de captura y procesado, y aquel programa, que se llamaba “Superfot”, empezó a hacerse muy popular entre una creciente masa de fotógrafos aficionados. Pero hete aquí, que el famoso y deseado “Superfot” era más bien carillo y no todos los aficionados podían permitirse comprarlo para retocar un par de fotos del cumpleaños de la niña.
Varios usuarios empezaron a usar el “Superfot” sin licencia oficial, total, era muy fácil copiarlo por ahí, y seguían subiendo a la red sus trabajos fotográficos, que cada vez eran más numerosos y de mayor calidad. Pero con el crecimiento del número de fotos y de su calidad, empezó también el robo de fotos de la red, total, era muy fácil copiarlas de ahí, y algunas empresas las usaban sin pagar por ellas y sin siquiera pedir permiso al fotógrafo. Fue en ese momento cuando se produjo la “Gran Paradoja” que cambiaría el destino futuro de “El Planeta”. Los fotógrafos comenzaron a protestar indignados por el cada vez más numeroso robo de fotos, pero resulta que la mayoría de esas fotos habían sido procesadas con un programa por el que no se había pagado, he aquí la paradoja.
Como a los habitantes de “El Planeta” no les gustaban ni las paradojas ni el jamón de Jabugo (éste último porque para ellos no era conocido), decidieron crear un comité de sabios para solucionar el problema. A este comité asistieron expertos de todas las partes interesadas y, como siempre, había algunos que lejos de intentar buscar un acuerdo, lo único que querían era seguir con las cosas como estaban y meter en la cárcel a todos los que no pensaran como ellos. Este tipo de de actitud no estaba muy bien visto en “El Planeta” y una vez más los elementos discordantes fueron expulsados y enviados a La Tierra donde acabaron convirtiéndose en presidentes de bancos, directivos de grandes multinacionales y altos cargos políticos.
Una vez apartados los escollos humanos, el resto de la sociedad llegó a un gran acuerdo para desterrar para siempre de sus vidas a la “Gran Paradoja”. Este acuerdo podemos resumirlo en unos pocos puntos:
La gran empresa de software, “MejoraMás”, aceptó seguir comercializando versiones antiguas de su “Superfot” a un precio muy reducido y sólo para usuarios particulares, así los aficionados podrían tener una buena herramienta a un precio que podrían pagar y de forma totalmente legal. La empresa seguiría desarrollando versiones nuevas destinadas al mercado profesional y por otra parte continuaría vendiendo licencias de versiones antiguas de un programa ya amortizado y por el que de otra forma no ingresaría nada por su uso.
Los fotógrafos aficionados aplaudieron la propuesta de “MejoraMás” y decidieron borrar sus versiones sin licencia y comprar esas licencias asequibles a su bolsillo y que ofrecían mayores garantías y eran más acordes con la ética. El resto de la sociedad, al igual que había ocurrido con el tema de la música, el cine y los libros, acordaron no robar, ni copiar nada sin permiso de sus autores, al fin y al cabo a nadie le gusta que le quiten algo que es suyo por derecho propio.
El caso es que esta sociedad aprendió a vivir en total armonía y fueron mucho más felices y si alguna vez alguien intentaba sacar provecho propio de alguna situación o simplemente no cumplía un mínimo de conciencia social, hacían lo de siempre, expulsarlo y enviarlo a La Tierra.
Y colorín, colorado, este cuento… No ha acabado.

martes, 13 de septiembre de 2011

MARTES Y 13

Cuando esta mañana al levantarme he comprobado, nada más y nada menos, que era martes y 13, he decidido tomarme un día sabático, un día tranquilo, sin actividad y con una preocupación cautelosa ante cualquier evento que se me pudiese presentar; los augurios hablan de un día con tintes desafortunados, al menos eso es lo que vengo oyendo y leyendo desde hace años. Soy consciente de que las connotaciones negativas que se le dan a este día no tienen fundamento científico alguno, por lo que solo puede tratarse de un mito, como el de los gatos negros, pasar por debajo de una escalera, derramar la sal, etc., pero… ¿Cómo puede tener el alcance que tiene?

Superado el primer shock, por la denominación que recibe profesionalmente esta fobia llamada “Trezidavomartiofobia”, pensé que sería curioso investigar sobre sus orígenes o razones: En las culturas de España, Grecia y países de América Latina el martes 13 es considerado un día de mala suerte, con las mismas connotaciones que las aplicables al viernes 13 en las culturas anglosajonas o al viernes 17 en Italia.
¿Por qué el 13?

Salvando la particularidad del 17, en Italia, porque en números romanos se escribe XVII que es anagrama de VIXI, que en latín quiere decir “vivió / vivía” lo que implica que ahora estoy/está muerto; desde la antigüedad fue considerado como número de mal augurio, podemos centrarnos en el número TRECE que desde la antigüedad fue considerado un número maldito:

En la Última Cena había 12 apósteles y el que murió (todos conocemos quien) era el número 13.
La Cábala enumera a 13 espíritus malignos al igual que las leyes nórdicas.
El capítulo 13 del Apocalipsis se dedica al anticristo.
Loki, el espíritu del mal en la leyenda escandinava era el invitado decimotercero en la cena de dioses del Valhalla.

El número trece hace referencia a la muerte en el Tarot.
Lo cierto es que en estos momentos contamos con tanta historia que resulta fácil encontrar argumentos, fábulas o leyendas que permitan apoyar cualquier hipótesis, con independencia de su grado de fiabilidad, que al final no es otro que el que la sociedad les confiera. Pero este “mito”, esta tradición “maldita” ha alcanzado tan fuerte calado que incluso hay países en que sus edificios altos carecen de la planta trece, o líneas aéreas en las que en sus aviones se pasa de la fila doce a la catorce; en nuestro país también tenemos un claro ejemplo, nuestro campeonísimo en motociclismo Ángel Nieto fue doce más una vez campeón del mundo, expresión que sigue utilizando, ya que casualidad o no, no pudo alcanzar su decimocuarto campeonato mundial.

¿Y por qué martes?
Martes es una palabra que desciende del nombre del planeta Marte, que en la Edad Media lo llamaban “el pequeño maléfico”. Marte (o Ares en la mitología griega), es el dios de la guerra, por lo cual el día martes está regido por el planeta rojo, el de la destrucción, la sangre y la violencia. Además, la leyenda dice que un martes 13 se produjo la confusión de lenguas en la Torre de Babel, y que el martes 29 de mayo de 1453 cayó la ciudad de Constantinopla, lo que supuso un trauma para las potencias cristianas, y el martes, día de su caída, quedó asociado al dios pagano de la guerra y día de mala suerte.

En cuanto a la cultura anglosajona, la elección del viernes parece tener principalmente su origen en un hecho histórico, aun envuelto en polémica por lo oculto de las circunstancias en que al parecer se dio: El viernes 13 de octubre de 1307 la Orden de los Caballeros Templarios fue perseguida, en toda Europa, por la Santa Inquisición, fruto de la cual muchos de ellos fueron asesinados o condenados a la hoguera. Desde entonces el viernes 13 se considera fecha de mala suerte.
Personalmente si tengo que elegir alguna versión sobre Martes y 13, me quedo con la más divertida: Martes y Trece inicialmente fue un trío (posteriormente dúo) humorístico español formado por Josema Yuste, Millán Salcedo y Fernando Conde que marcó una época en la historia del humor en España. Su estilo se caracterizó por sus gags esperpénticos sobre la vida cotidiana (¿Quién no recuerda la empanadilla de Móstoles?) y las caricaturas de personajes famosos. Seguramente esto es porque no soy nada supersticioso y no lo soy porque un día alguien me dijo que ser supersticioso traía mala suerte. Jajaja…