RICOBLOG

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domingo, 3 de abril de 2011

VALORES - X (GENEROSIDAD)

Dar y darse sin esperar nada a cambio.
Comparada a menudo con la caridad como virtud, la generosidad se acepta extensamente en sociedad como un hábito deseable. En momentos de desastres naturales, los esfuerzos de la ayuda son con frecuencia proporcionados, voluntariamente, por los individuos o los grupos que actúan de manera unilateral en su entrega de tiempo, de recursos, de mercancías, de dinero, etc. La generosidad es una forma de altruismo y rasgo de la filantropía, como puede verse en las personas anónimas que prestan servicios en una organización no lucrativa.
Hoy me he levantado preguntándome si podría identificar algunas de las causas por las que nuestra sociedad actual padece de tantos males como el consumismo, la violencia, la drogadicción, etc.
¿Cómo podremos contribuir aunque sólo fuese en un poco a la curación de un medio social desgarrado y enfermo por tantos males y desdichas? ¿Qué ha pasado con la generosidad? Veo en nuestra actual sociedad como, de manera inconsciente, colocamos la comodidad, el dinero y la imagen como los valores supremos dentro de las virtudes que todo ciudadano moderno debe de tener. ¿Y la generosidad, dónde queda? Esa capacidad dentro del corazón humano que nos despierta la necesidad de ayudar a los demás, de entregar parte de nuestro tiempo a causas nobles, de desprendernos de algunas cosas que atesoramos, pero que nunca usamos. ¿Será que nuestra madre cultura nos está convenciendo de la importancia de la egolatría como medio de figurar más en el teatro social?
La generosidad caracteriza al corazón noble y compasivo. Más allá del acto caritativo, implica el desarrollo de una cierta sensibilidad –o compasión- que nos vuelve dispuestos a dar nuestra posesión más preciada, que somos nosotros mismos.
Es así cómo la generosidad comprende una serie de pasos que va desde abrirse hasta rendirse ante un proceso de vaciamiento. Así nos preparamos para recibir y valorar lo que la vida nos ofrece, y siempre estamos listos para dar lo que sea necesario. Cada día podemos ser generosos en acciones pequeñas.
Dar sin esperar nada a cambio, entregar parte de tu vida, volcarse a los demás, ayudar a los que lo necesitan, dar consuelo a los que sufren, eso es generosidad. Y no es un valor pasado de moda. La generosidad es la llave que abre la puerta de la amistad, es una semilla que siembra el amor, y puede ser la luz que nos saque del oscurantismo materialista dentro del cual, muchos de nosotros estamos viviendo en la más negra de las ignorancias.

Una persona generosa se distingue por su disposición natural para ayudar a los demás y por su discreción, apareciendo y desapareciendo en el momento oportuno.

Para crecer en generosidad es preciso mantener el esfuerzo por superar la propia comodidad, tomando conciencia de la necesidad ajena y desde luego nunca esperar recibir un halago, felicitación, reconocimiento o recompensa.

Para transmitir mejor la generosidad, en lo pequeño y cotidiano, es útil: procurar sonreír siempre, ser accesible en los gustos propios, ceder la palabra, el paso o el sitio, usar las habilidades propias en ayudar a los demás y sobre todo hacerlo siempre desde la sencillez.

El vivir con la conciencia de entrega a los demás, nos ayuda a descubrir lo útiles que podemos ser en la vida de nuestros semejantes, alcanzado la verdadera alegría y la íntima satisfacción del deber cumplido con nuestro interior.

Practicando la generosidad en silencio, sin focos y sin anuncios en los medios sociales, es la única manera de que, no perdiendo su esencia, nos proporcione paz interior.
 

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