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domingo, 24 de marzo de 2013

INTIMIDAD, EL CINCEL DE NUESTRA IDENTIDAD



La intimidad es el aspecto más personal y privado del ser humano, es un derecho fundamental que en muchos países es protegido incluso “constitucionalmente” y que otorga a la persona un espacio de privacidad en el que se contienen comportamientos, acciones, expresiones y valores que no se desea pasen a formar parte del dominio público.
Pero en un ámbito, tal vez más místico, podríamos hablar de la zona espiritual íntima de una persona. Esta acepción de intimidad comienza por no tener miedo ni a la soledad ni al silencio ¡Soledad hacia fuera y silencio hacia dentro! Una y otro son el abono preciso para un adecuado desarrollo de vida interior, pero hacerlo tiene una gran dificultad a vencer, te coloca frente a ti mismo, sin testigos y ante la posible tentación del autoengaño, una ayudita a sentirte mejor, al fin y al cabo nadie se va a enterar.
La verdadera intimidad nos permite una sincera conexión con nosotros mismos y, si como afirmaban grandes humanistas la clave de todo está en el interior de la persona, dicha conexión nos pone en contacto directo con nuestra verdadera identidad, con nuestro “ese soy yo”, lo que exige de fuertes dosis de voluntad y determinación pues no es menos cierto que no siempre es de nuestra satisfacción lo que vemos al mirar hacia dentro.
Creo que la intimidad es la única y verdadera puerta hacia “el saber”, que establece una sensible distancia con respecto al conocimiento; conocer es un aprendizaje que proviene de aspectos externos a nosotros, son datos sobre cómo son las cosas pero no modifican nuestro comportamiento si no damos un paso más, ese paso supone atravesar el umbral de la intimidad, transformar el conocimiento teórico en un conocimiento práctico que nos dicta como deseamos hacer esas cosas.
Los verdaderos motores de nuestra conducta surgen de nuestro interior y a ellos solo llegamos mediante la intimidad, esto es lo único que nos hace realmente fuertes, la solución no es disfrazar lo que hemos descubierto de nosotros que no nos gusta o que nos incomoda, la solución es qué y cómo modificarlo, se trata de hacer prevalecer el “ese soy yo” frente al “así me muestro yo”.
Las cosas realmente importantes de tu vida te sucederán desde ti, no las esperes desde fuera, cuida tus energías, tus metas, tus motivaciones, tu felicidad…; la mejora de nuestra capacidad de reflexión y con ella la de relacionarnos con los demás se encuentra en estrecha relación con nuestra capacidad de reconocer y aprovechar nuestra intimidad.
En la actualidad, probablemente a consecuencia de la proliferación de las redes sociales, se vive un episodio opuesto y son múltiples las personas que desean compartir detalles de su intimidad, sin reparos, enajenando o publicitando aspectos sobre sí mismos, costumbres, gustos, fotografías, forma de vida, etc. La cuestión es que esta información voluntaria se vende como una apertura de la privacidad, pero lo que ofrece es una “realidad virtual” y aquí se abren dos caminos: O estamos mostrando lo que nos gustaría ser y no lo que somos o estamos concediendo permiso a la invasión personal.
Conviene recordar que la verdadera intimidad requiere de soledad y silencio, que ha de ser reservada para uno mismo, la vida interior no se muestra con información, ha de ser canalizada y expuesta en forma de ser y actuar. No obstante, dado que el ser humano también descubrió hace tiempo la falta de escrúpulos, las nuevas tecnologías parecen exigir un repaso de la legislación relativa a la privacidad, sea en el ámbito que sea.

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