RICOBLOG

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domingo, 16 de diciembre de 2012

MI "61" CUMPLEAÑOS



(Con especial dedicación a todos aquellos que se han acordado de mí en este día)

Voy a saltarme lo del tirón de orejas que me parece más un rito tribal que un mensaje de cariño hacia el homenajeado, para centrarme en las intenciones y percepciones.
Ayer cumplí 61 años y tengo que confesar que hoy me siento inmensamente feliz al comprobar la cantidad, inesperada, de amigos y familiares que en persona, de forma telefónica, a través de e-mails, mensajes MSN e incluso mediante comentarios en Facebook, han querido hacerme notar su presencia y cercanía felicitándome en el día de mi cumpleaños, he recibido comentarios y mensajes de todo tipo; tanto los que podríamos llamar clásicos como algunos muy elaborados y muchos otros en clave de humor, alguno de ellos con cierto contenido irónico, pero en todos ellos he percibido calor y cariño, solo puedo decir que estoy sorprendido y encantado por lo que he recibido de todos vosotros.
El calor, cariño y felicidad que yo he sentido me hace difícil entender a esas personas que afloran una carga de negatividad, a veces exacerbada, ante la proximidad de su cumpleaños, y que prefieren no ser felicitados en ese día en que piensan se hacen un año mayores, es como negarse a recibir el gran regalo que supone que la gente se acuerde de ellos, en un día que les puede gustar más o menos, pero que no deja de ser un día señalado, para ellos y para muchos que les quieren, es como si renunciasen a la felicidad, en un día en el que hay muchas personas dispuestas a hacérselo lo más agradable posible.
Cuando estoy ante alguien que manifiesta un “trauma” ante la circunstancia de cumplir un año más, he de hacer un esfuerzo por no preguntarle: ¿Preferirías no cumplirlo? Presenta una compleja dicotomía que plantea una ecuación irresoluble, mantenerse en esta vida sin cumplir años; nunca he oído hablar del síndrome de Dorian Gray pero esta actitud me lo sugiere: ¡El deseo de la eterna juventud!, lo que en el fondo esconde una sobredosis de narcisismo y admiración por sí mismo, al desear por encima de todo conservar su apariencia, rechazando los signos externos del paso del tiempo.
Por fortuna, existe mucha gente, entre la que quiero incluirme, que disfrutan con la oportunidad de seguir adelante junto a personas que demuestran su amistad y cariño, que entienden cada felicitación como un regalo y año tras año disfrutan de ello con ganas de celebrarlo. No se trata de añadir años a la vida, sino de dar vida a los años. Al final, lo que importa no son los años de vida, sino la vida de los años.
No se envejece por el mero hecho de cumplir años, se envejece cuando van desapareciendo de nuestro horizonte compromisos, objetivos e ilusiones. Con veinte años el corazón sigue a los ojos. A los sesenta también, pero la inevitable miopía exige la colaboración de otros sentidos porque los años no vienen solos y hay que agudizar todos nuestros recursos para descubrir que no hay años vacíos.
Los años son como peldaños que debería permitirnos acceder a una mejor visión de las cosas que nos suceden y esto no depende de haber vivido más sino de haberlo experimentado, y es que siempre he pensado que en la edad son más importantes los sentimientos que los años cumplidos. Mis cumpleaños y las felicitaciones que reciba siempre serán gratificantes mientras pueda responderme afirmativamente a la pregunta de: ¿Tengo sueños y objetivos por cumplir?
Estos días de conjunción colectiva me parecen una celebración, y una puerta a “los aún” y a “los todavía”, estás ahí para seguir haciendo cosas, cumplir con tus sueños y seguir recibiendo besos, abrazos y felicitaciones. ¡GRACIAS!

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