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miércoles, 22 de mayo de 2013

¡NO SÉ, PARECE INCREIBLE!



En una o más ocasiones de nuestra vida hemos contemplado o nos han contado determinados acontecimientos que nos animaban a calificarlos de increíbles: ¿Admiración?, ¿Asombro?, ¿Incredulidad?...
Según la RAE increíble es un adjetivo que expresa aquello que no puede creerse o es muy difícil de creer, pero también es un término que en sentido figurado lo aplicamos a sucesos extraordinarios y lo utilizamos para referirnos a cosas que causan nuestra admiración o sorpresa, es como si le otorgásemos un plus a lo admirable o sorprendente, mostrando nuestra sensación de asombro.
Sin embargo también podemos utilizarlo para mostrar cortésmente nuestro escepticismo, ¡No sé, parece increíble!, esta expresión deja una puerta abierta a la duda mientras que los términos como admirable o sorprendente reflejan una total aceptación de lo visto o sentido.
¡No sé, parece increíble! Si al final lo acontecido resulta mostrarse con toda solvencia tendremos una fácil salida: “parecía imposible pero ha sido fantástico”, salvamos nuestra duda y reconocemos el mérito de la hazaña que nos llevó hasta la vacilación, de esta forma nuestra equidad y sentido común no han sufrido ningún tipo de desgaste.
¡No sé, parece increíble! Por el contrario si lo aparentemente asombroso va poco más allá de un mero espejismo, nuestro argumento cobra fuerza y nos permite exteriorizar nuestra afirmación: ¡Ya decía yo que era increíble!, logramos reafirmar nuestro criterio eludiendo haber tomado una postura brusca y precipitada, aunque al final los acontecimientos nos hayan dado la razón.
En ambos caso y aunque pueda considerarse una paradoja se repite una misma conducta, esta no es otra que la mesura o la cautela y es que la duda o el desconocimiento nunca pueden determinar nuestra opinión como si de datos objetivos se tratasen.
Cabe mencionar que la asertividad es una conducta de las personas, una forma de expresión consciente, clara, directa y equilibrada, cuya finalidad es comunicar nuestras ideas y sentimientos sin la intención de herir o perjudicar, actuando desde un estado interior de autoconfianza, en lugar de la emocionalidad limitante típica de la duda, la ansiedad, la culpa o la rabia.
Pero la asertividad solo tiene sentido desde la seguridad personal, desde el conocimiento preciso de los hechos, si estos no nos acompañan el empecinamiento es el peor de los aliados, si carecemos del aval de los hechos que nos permitan contrastar la veracidad de algo, la prudencia debiera aconsejarnos una fórmula intermedia entre la contundencia de nuestra opinión o la dejación de la misma.
La locución adverbial “parece” asociada al adjetivo “increíble” nos brinda un equilibrio y una oportunidad, una gran ocasión al permitirnos mostrar nuestro respeto hacia los demás y serenidad en nuestro análisis aunque mantengamos alguna reserva, pero la frase ha de ser completa ¡No sé, parece increíble!, y ha de ir acompañada de un compás de espera y una disposición abierta con madurez, suficientes para esperar posibles verificaciones y aceptar cualquiera de los resultados sin merma alguna de nuestra autoestima.
La duda no es contraproducente, tenemos derecho a dudar, pero ese derecho solo resultará legítimo y razonable en la medida en que respetemos a los demás, dudar implica juzgar y un déficit en el crédito que concedemos a algo o alguien, pero si hay juicio hay titubeo o indecisión y es ahí donde es preciso tener cautela.

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