Cuando se habla de muletillas y sus efectos suele pensarse en oradores y conferenciantes dirigiéndose a su auditorio, por el contrario, alcanza al común de los mortales incluso en la más banal conversación de cafetería.
Las muletillas son
expresiones más o menos estereotipadas que se utilizan de manera automática,
incluso con riesgo de convertirse en hábito o vicio. Su utilidad reside en el
encubrimiento de dudas o vacios del comunicador. Otras veces no pasan de ser
producto de los nervios, pero de una u otra manera la cara más visible de las
muletillas es una carencia.
Las muletillas
suelen agruparse en tres categorías:
Muletillas de tipo corporal: movimientos gestuales
como acariciarse la barbilla, una oreja o cualquier otra parte de su anatomía,
manos a los bolsillos, etc. Pero sí en el contexto de lo que denominan lenguaje
corporal un gesto en concreto lo repetimos en exceso, asumimos el riesgo de
convertirlo en una señal molesta, incluso irritante.
Muletillas de tipo oral: o sea…, es decir..., ¿me entiendes?..,
¿vale?..., humm…, etc. A las que más adelante me referiré.
Muletillas de altura: Realmente son muletillas de
tipo oral que pretenden apuntar a un cierto nivel de oratoria como:
“evidentemente”, “en definitiva”, “está claro”, etc. Suelen suponer frenos en
la comunicación dificultando el feedback.
Las muletillas de
tipo oral son expresiones innecesarias, comodines o palabras abstractas y
breves, que se utilizan sin cumplir una función primordial. Las muletillas no
están dirigidas específicamente a los interlocutores al carecer de contenido
informativo directo; el que escucha tiene la percepción de que el orador no
tiene claro lo que quiere decir y que necesita apoyarse en palabras sin sentido
para poder continuar hablando, de esta forma, una muletilla se convierte en un
“tic” verbal. El uso de este tipo de vicio se ve potenciado por la falta de un
vocabulario amplio y variado, la destreza comunicativa o los nervios.
Cuando el uso de
una muletilla resulta exagerado suele provocar efectos negativos en el
auditorio, para quién no pasa desapercibida y la reconoce como innecesaria,
molesta y posible síntoma de torpeza y pobreza lingüística del comunicador,
puede incluso convertirse en un elemento de distorsión y distracción del
mensaje logrando que más de uno se dedique a contar el número de veces que el orador
la repite. Si esto sucede también resulta más que probable que llegue a
bautizarse a estos desproporcionados usuarios con apodos tales como “el
digamos”, “el oséase”, “el mentiendes” o cualquier otro sobrenombre, pues la
imaginación y ocurrencia ante estos casos parece no tener límite.
Superar una
situación así si piensas que puede sucederte en tus exposiciones orales, tienes
dos caminos, el eliminar las muletillas o camuflarlas.
Una, manera de
erradicar esa “molestia lingüística” es reducir la velocidad del discurso y
realizar pausas conscientes entre las frases, pero sin perder el ritmo y
naturalidad, exige una alta concentración y dominio, convierte el silencio
comunicativo en arma muy poderosa aliada de la estrategia, pero una utilización
incorrecta del silencio es más nociva que las propia muletilla que pretendes
corregir, provocando el desconcierto del auditorio.
La otra estrategia
consiste en sustituir la redundancia machacona de la muletilla por un abanico
de expresiones diferentes, aunque similares, que evitarán la fijación propia de
aquella que se repite una y otra vez, esta vía no elimina la conveniencia de
atemperar su uso pero la suaviza.
Sin embargo, ambas
estrategias exigen de preparación y por tanto del adecuado e inexcusable
entrenamiento, aspectos que sin duda demandan un importante esfuerzo si deseas
lograrlo, pero ambas estrategias no son excluyentes y si optamos por la opción
de eliminarlas, la del camuflaje, mediante la diversidad, nos puede ayudar en
el recorrido necesario.
Todos sabemos lo importante que para un boxeador es hacer sombra y espejo como parte de su entrenamiento y mejora, para un comunicador una forma similar de hacerlo es grabarse en video y estudiarse a fondo, buscando sus posibles muletillas de tipo corporal y de tipo oral, para decidir si quiere modificarlas.
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