El refrán “Divide y Vencerás” en su acepción más amplia es algo más que una técnica de diseño de algoritmos. De hecho, suele ser considerada una filosofía general para resolver problemas difíciles dividiéndolos en partes más simples tantas veces como sea necesario, hasta que la resolución de las partes resulte obvia, para finalmente construir la solución del problema principal a partir de las soluciones encontradas para los subproblemas.Pero a la vez, la historia de la humanidad la ha consagrado como una excelente estrategia en el cruelmente denominado “arte de la guerra”; se trataba de debilitar las fuerzas enemigas dividiendo y si era posible enfrentando a miembros del mismo grupo.
En el mundo de las organizaciones, sean profesionales, sindicales o políticas es frecuente encontrar personas entregadas a una competitividad feroz y a veces desleal por mantener posiciones de poder, esta cultura de la competitividad y la deslealtad no parece sea la estrategia idónea para crear una misión compartida en el seno de las organizaciones, el tiempo acaba transformando el refrán en un “Divide y Perderás”.
Esas personas, generalmente en puestos de responsabilidad dentro de las organizaciones, deberían transformar el “arte de la guerra” en “arte para la paz”, cultivando sin ningún tipo de reservas la cultura corporativa del “Une y Vencerás”, para ello es preciso fomentar un buen clima organizacional. La motivación de sus miembros y el trabajo en equipo, lo que favorecerá la cultura del compromiso y proactividad colectiva.
Conseguido esto, las ventajas son claras, algunas de ellas son:
- Conduce a mejores ideas y decisiones.
- Produce resultados de mayor calidad.
- Hay un involucramiento de todos en el proceso.
- Alta probabilidad de implementación de nuevas ideas.
- La información compartida significa mayor aprendizaje.
- Aumenta la posibilidad de mostrar las fortalezas individuales.
- Ayuda a compensar las debilidades individuales.
- Favorece el desarrollo de las relaciones interpersonales.
Sin embargo, esto solo es posible aplicando estilos de liderazgo de tipo “afiliativo” o de tipo “desarrollador” que permiten “unir en la diversidad”, por el contrario el estilo más utilizado por un elevado número de responsables organizacionales es el “directivo”, de marcado carácter autoritario, lo que les conduce a renunciar a las ventajas aludidas, probablemente por miedo a perder sus parcelas de poder.








