RICOBLOG

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miércoles, 30 de mayo de 2012

REC 14. PREGUNTAS Y RESPUESTAS


Debatir es una de las opciones propiciada por la comunicación oral. Un debate, realmente es una discusión de opiniones contrarias sobre un tema, situación o problema. Durante un debate resulta factible que se produzca un cruce de interpelaciones entre los interlocutores sobre algún aspecto concreto, esa petición de explicaciones puede o suele hacerse mediante la fórmula ¿Por qué…?, o mediante la fórmula ¿Para qué…?
Fórmulas interrogatorias de aparente similitud pero que activan mecanismos mentales diferentes. Sí utilizamos la fórmula ¿Por qué…?, el mecanismo mental que se activa es el de la causalidad y la respuesta que obtendremos será la causa o razón de algo, es decir, una justificación; sin embargo, al utilizar el ¿Para qué…?, el mecanismo mental que activamos es el de la utilidad y la respuesta que obtendremos hablará de la finalidad de la acción, lo que probablemente nos indique una meta u objetivo.
Tal vez sea conveniente antes de preguntar, preguntarse a sí mismo ¿Que buscamos cuando hacemos una pregunta…?

domingo, 27 de mayo de 2012

INSATISFACCIÓN


En algún lugar he leído que los dinosaurios se extinguieron por un error evolutivo, el diagnóstico de los científicos era: “mucho cuerpo y poco cerebro”, “grandes músculos y poco conocimiento”. Si el diagnóstico es correcto, me atrevo a afirmar que los dinosaurios no se han extinguido, simplemente han mutado y lo hago desde la aplicación literal del diagnóstico (mucho cuerpo, grandes músculos y poco cerebro y conocimiento) como desde el significado que podría dársele si lo consideramos una metáfora como representativa de la obsesión por lograr el éxito material y altos niveles de vida, pero que no siempre evitan un determinado vacío emocional que suele llevar desde una posición aparentemente dichosa a una insatisfacción perturbadora.
Yo veo la insatisfacción como un depredador del estado de ánimo, situado en la cúspide de la cadena alimentaria de lo que podríamos llamar el “ecosistema social”, un depredador sofisticado que no obtiene sus presas tras persecuciones interminables, sino como resultado de trampas hábilmente pergeñadas, como:
  • Crear una dinámica de consumo poco moderado, en la que el afán por poseer se torna en satisfacción fugaz a pesar de lograrlo, ante las cosas que aún no se poseen.
  • Alimentar el disgusto de cómo se siente uno consigo mismo, generando como única respuesta el tratar a los demás con la misma desaprobación que el comportamiento propio provoca.
  • Mediante el veneno de un sentimiento de inferioridad, ante la incapacidad (asumida) para dominar los impulsos propios, como la inmoderación, agresividad o cualquier otro que consideremos impropio.
  • Afianzando el arraigo de manías que se asumen como incorregibles pero que nos incomodan y ante las que acabamos rindiéndonos.
La insatisfacción, siempre dañina, puede resultar leve y superable cuando es ocasional, pero de consecuencias peligrosas si es crónica, no en vano genera una sensación corrosiva y demoledora del equilibrio emocional de la persona y es que no resulta fácil renunciar al deseo de tener. Es como un agujero negro en el “Ser” difícil de llenar o al menos cegar.
Yo no creo en las recetas mágicas, pero sí creo en las actitudes e intentos que definen conductas y desde luego, ante la insatisfacción pienso que hay que empezar por desterrar convencimientos y enunciados del tipo: "todo el mundo lo hace", "solo es una debilidad ocasional", "no perjudico a nadie", etc.; en realidad la “no renuncia” refleja claramente la claudicación, que nos mece en una aparente comodidad al proporcionarnos tantas y tantas justificaciones, no obstante, ninguna rendición nos dejará satisfechos.
Lo cierto es que no resulta fácil renunciar a la orientación de tener; todo intento de hacerlo nos produce una angustia importante, las personas nos volvemos desconfiadas, suspicaces, y a veces solitarias, incluso construimos un caparazón propio, impulsadas por la necesidad de tener más para estar mejor protegidas. Convendría tener muy claro que la zozobra que produce la posibilidad de perder algo pertenece a la dimensión de la persona del “tener” y no a la del “ser” y el equilibrio emocional no se alcanza desde el “tengo” sino desde el “soy”.

miércoles, 23 de mayo de 2012

REC 13. ¿RECONOCIMIENTO O ADULACIÓN?


Todos hemos recibido en ocasiones un halago, la cuestión es ¿Por qué a veces nos produce bienestar y otras puede llegar a resultarnos desagradable? Sí el halago es un elogio, es decir, una alabanza de las cualidades y méritos de alguien o de algo ¿Por qué entonces es posible esa dicotomía?
La razón reside exclusivamente en el móvil del halago, y es que puede venir desde el reconocimiento o desde la adulación.
El reconocimiento es una declaración sincera sobre la legitimidad que se otorga a la cualidad o cualidades de otra persona; la adulación es la expresión, generalmente exagerada, de lo que se cree que puede agradar a otro, con el objetivo único e interesado de obtener una prebenda o favor.
Mientras que la práctica del reconocimiento es propia de personas de elevados valores éticos por lo que genera el bien en otros, la adulación lo es de los conocidos a lo largo de su vida como “pelotas” o “egoístas” que solo persiguen el bien propio.
Buscar el reconocimiento es humano y es lícito, buscar la adulación es, simplemente, estúpido. Practicar el reconocimiento es saludable, practicar la adulación envilece.

domingo, 20 de mayo de 2012

APRENDIENDO A ODIAR


El odio se describe con frecuencia como lo contrario del amor o la amistad, como algo reprobable desde el punto de vista racional por ser una emoción que impide el diálogo y con ello condena al no entendimiento, esto imposibilitará la construcción de un espacio compartido con la persona o cosa que se odia.
Mientras que emociones positivas como el amor nos aportan paz, el odio nos abastece de enojo, ira y hostilidad; la secuencia nos conduce a un estado de ánimo que suscita nuestro malestar (enojo), que nos puede conducir a una furia o deseo de venganza (ira), que culminará en una conducta agresiva (hostilidad).
Hace algún tiempo escuché una conversación entre dos personas que hablaban sobre el estado de salud de una tercera, una de ellas diagnosticó que la raíz de sus males y razón de su enfermedad residía en que siempre estaba de mal humor, rebosaba odio y no quería a nadie, ¡Está enferma de mala!, decía; me pareció un simple cotilleo, pero con el paso del tiempo aquella conversación fue ganando terreno en mí y hoy me parece bastante acertada ¡El odio, motivado o no, es nocivo para la salud!
Todo ello me ha llevado a reflexionar sobre el odio y que lo desencadena; creo que solo se puede llegar a odiar aquello que previamente se ha amado o deseado, el odio es el fruto del desengaño, nace cuando nuestras expectativas (de las que solo nosotros somos responsables) resultan frustradas, la gran pregunta es ¿Han sido destruidas o eran infundadas? En cualquier caso el odio genera antipatía, disgusto, aversión, rencor y toda una serie de emociones negativas y limitantes para nuestro bienestar.
Pero también he llegado al convencimiento de que el odio puede llegar a no ser censurable, sino comprensible y tolerable si se gestiona desde la autoprotección del ego, no en vano forma parte de nuestro repertorio emocional, es cuando el odio se muestra como respuesta, válvula de escape o resentimiento ante una injusticia o abuso, aunque requiere ser gestionado adecuadamente y actuar desde la reclamación y no desde la simple queja.
También podemos encontrar el odio en un ámbito menos perverso, quizás en una metáfora lingüística que pretende subrayar el rechazo que nos produce algo que nos lleva a sentirnos engañados, por ejemplo, “yo odio” las ofertas comerciales que anuncian el precio de una cosa o servicio con un ¡Desde…!, proponiéndonos un precio al que hay que ir sumándole nuevos importes, algunos inevitables, en caso de que necesites…, si lo vas a utilizar para…, si deseas que pueda…, etc., etc., etc., …
Nadie nos enseña a odiar pero es fácil aprender, solo es preciso sentirse seguro de tener razón, de que nosotros somos “el bueno” y por tanto “la víctima”; nuestro espacio cognitivo nos exige imponernos a todo lo que nos contradice y si lo hacemos de forma desmesurada estamos en el umbral del odio. Por el contrario, resulta menos fácil dejar de odiar, requiere de una mente abierta y una voluntad clara.
Las personas solemos tender a ser básicos, en ocasiones egoístas y siempre, queramos o no, emocionales, esto hace que en nuestro equipaje haya carencias, generalmente de aprecio, consideración y respeto hacia los demás, lo que nos puede llevar a convertirnos en el origen del odio de otros cuando de forma pretenciosa tratamos de apabullar con nuestro talento o nuestros logros.
Si somos nosotros “los picados por el odio” el antídoto está en el alejamiento, es decir, se trata de poner distancia entre nosotros y la persona o cosa que nos causa aversión; el poeta Amado Nervo dijo: “Sí una espina me hiere, me alejo, pero no la aborrezco”.
Si puedes liberar tu mente del odio, sin duda, vivirás más y mejor. La cuestión es quererlo y hacer algo al respecto para lograrlo. ¡Piénsalo!

miércoles, 16 de mayo de 2012

REC 12. ¿HECHOS U OPINIONES?


Un hecho es algo que se puede comprobar: ¿Qué día sucedió?, ¿A qué hora?, ¿Llovió o no llovió?, etc., en definitiva un hecho presenta datos que pueden ser verificables.
Una opinión es una forma de ver los hechos: “sucedió hace mucho”, “era muy tarde”, “resultó un día apetecible”, etc., las opiniones dependen de las creencias, valores e intereses de quién las emite.
Mientras que los hechos pueden ser verdaderos o falsos, con posibilidad de verificarlos, las opiniones pueden ser fundadas o infundadas y ninguna de las dos condiciones les confiere la condición de veraces.
La perversión surge cuando se nos pretende, o pretendemos, vender opiniones como hechos, algo que parece consustancial con el ser humano. No debiéramos olvidar nunca que pueden existir tantas opiniones como observadores, entre los que nosotros también nos encontramos.
¿Argumentas con hechos o con opiniones?...

domingo, 13 de mayo de 2012

CONQUISTAS Y DERROTAS


Si decidimos cual es el camino que nos conduce a conquistar nuestros sueños, nos encontraremos con un camino de apariencia confortable e ilusionante, pero en su recorrido, como no podrías ser de otra manera, vamos a tropezarnos con dificultades, barreras que pueden llegar a parecernos insuperables. En esos momentos podemos caer en la tentación de considerarlas como derrotas, algo que nos impide o distancia del objetivo; un infortunio o adversidad que desbarata nuestros planes, algo que se revela o transforma en una atadura que evita desplegar nuestras capacidades hacia la conquista de nuestros sueños.
Tal emoción nos exige hacer un ejercicio poderoso de memoria y recordar que ante experiencias anteriores azarosas y desdichadas, nuestra convicción y fuerza de carácter acabó propiciando un final feliz, con resultados muy distintos a cuando permitimos que el abatimiento o el abandono marque nuestra conducta.
Si vivimos la vida como una aventura hemos de admitir que el camino elegido debemos hacerlo metro a metro, la vida no es un camino, previamente trazado, que  haya que recorrer. La vida, ¡Tu vida!, exige que decidas cual es camino que eliges. ¿Qué buscas? ¿Qué quieres? ¿Hasta dónde deseas llegar?
No siempre es fácil saber que quieres ser o donde quieres estar dentro de diez o quince años, sin embargo es un serio problema si no sabes que quieres hacer una vez que te has levantado por la mañana; para mí el mejor propósito de vida es disfrutar cada día de ser feliz, sentirme satisfecho y no solo conmigo sino con quién está cerca, hay una pregunta que no siempre resulta fácil de responder ¿Estás viviendo la vida que quieres vivir?
Y es que podríamos decir que nuestra misión en la vida se construye desde QUIENES somos y qué QUEREMOS realmente, territorios que no siempre estamos dispuestos a aceptar y mucho menos a explorar, no siempre estamos predispuestos a tener que reconocer realidades que, por censurables en los demás, nos parecen inadmisibles en nosotros mismos.
Uno de los elementos, omnipresentes en nuestra vida, del que no siempre tenemos absoluta conciencia es nuestro propio lenguaje, ¿Somos conscientes de cómo hablamos con nosotros mismos y qué consecuencias tiene sobre nuestras actuaciones y resultados? No cabe la menor duda de que en todas nuestras acciones hay un fuerte componente emocional. Sin ninguna duda somos los que más hablamos con nosotros mismos, será nuestra exigencia, nuestra tolerancia o por qué no nuestra inconsciencia la que delimite nuestra conducta.
Reconocer que somos nuestra principal trampa nos da una ligera ventaja, solo nos queda la tarea nada fácil de vencer nuestro ego.
¡Analizar nuestra vida y descubrir lo que es importante para nosotros! Cuando sabemos quiénes somos y lo que realmente queremos, es más fácil encontrar nuestra misión. Si no somos felices con nuestra vida, significa que necesitamos hacer algún cambio. Elijamos una misión o un propósito que entendamos que mejorará nuestra vida, nos sentiremos mejor.